¿Y cómo está GAESA?
Las principales fuentes de negocio del conglomerado de los militares cubanos están casi paralizadas. El modelo económico del régimen enseña sus costuras.
Durante décadas el conglomerado militar cubano Grupo de Administración Empresarial S.A. (GAESA) se consolidó como el verdadero centro de gravedad de la economía de la Isla. Bajo su control se concentraron los principales sectores generadores de divisas, configurando un modelo que sostiene la supervivencia financiera del régimen, y sobre el cual ni la Contraloría General de la República ha ejercido supervisión. Sin embargo, la evolución reciente de tres de sus principales fuentes de ingresos —el petróleo, turismo y exportación de servicios médicos— sugiere que dicho modelo atraviesa un punto de quiebre.
El petróleo: la fragilidad del sostén energético
La relación entre Cuba y el suministro de petróleo ha sido históricamente un indicador del estado real de su economía. Tras la asistencia soviética, el régimen ha dependido de envíos subsidiados, canalizados a través de Petróleos de Venezuela. Un esquema que permitió sostener la generación eléctrica, el transporte y parte de la actividad turística y la industria, pero que desapareció después de la captura del dictador venezolano, Nicolás Maduro, principal aliado político y económico de La Habana. Con ello se perdieron también los ingresos provenientes de la reventa de parte sustancial de los envíos de crudo venezolano.
Las dificultades actuales para asegurar combustible en el país revelan la magnitud del problema. La advertencia de Washington de penalizar a aquellos países o empresas que suministren petróleo al régimen, le ha impedido efectuar compras de combustible en la región caribeña o incluso en Europa y África. Tampoco ha llegado ningún cargamento de país afín o alianzas internacionales. El periodista José Luis Reyes, de DIARIO DE CUBA, ha monitoreado la flota cubana y las embarcaciones que hasta ahora contrataba GAESA, documentando movimientos irregulares de buques como el gasero Eugenia Gas, que recorrió sin éxito puertos del Caribe en busca de cargamentos de gas licuado.
La consecuencia inmediata para el país es un sistema energético en colapso: apagones masivos, termoeléctricas fuera de servicio y un déficit de generación que supera con frecuencia los 2.000 MW, ante una demanda de 3.180 MW. La crisis energética está profundizando por ende su impacto sobre el conjunto de la economía. Al paralizarse el transporte, la industria y la infraestructura turística, se afectan simultáneamente todas las áreas de negocio de GAESA.
El turismo: la gran apuesta fallida
Bajo la gestión directa de GAESA, el régimen apostó por una expansión acelerada de la planta hotelera, incluso cuando otros sectores de la economía se deterioraban. Una política que refleja hasta qué punto GAESA ha dominado la lógica de inversión del país. Esta decisión ha tenido un efecto de “aspiradora financiera”, considerando que el capital que podría haberse destinado a agricultura, energía o transporte fue absorbido por proyectos turísticos, hoy cada vez menos rentables. El resultado es un sector sobredimensionado y subutilizado que no cumple su función original de generar divisas.
Actualmente, la estrategia se evidencia como uno de los errores estructurales más costosos del modelo mencionado. El economista Emilio Morales señala que el sector cerró 2025 con apenas 1,7 millones de visitantes, la cifra más baja en dos décadas y muy por debajo de la previsión oficial de 2,6 millones. De este modo, los ingresos turísticos bajaron de 2.903 millones de dólares, en 2018; a 925 millones, en 2025, con una contracción superior al 68%.
Además, el agravamiento de la crisis energética ha tenido un impacto notable en este sector en los dos últimos meses por la falta de combustible para la aviación. Varias aerolíneas decidieron suspender sus operaciones con Cuba, entre ellas las de los países emisores fundamentales: Canadá y Rusia. En ambos casos, optaron por repatriar a sus vacacionistas —más de 27.000 canadiense y 4.300 rusos— y anunciar la suspensión de vuelos por tiempo indeterminado, en el caso de Rusia, y hasta finales de octubre en el de Canadá. Todo esto ha desencadenado el cierre de una parte importante de la infraestructura hotelera y el abandono del mercado cubano por varios turoperadores.
Las misiones médicas: un negocio que se tambalea
La exportación de servicios profesionales —en particular las brigadas médicas— ha sido la fuente más estable de ingresos para el régimen y su negocio más lucrativo en las últimas décadas, con montos anuales superiores a 4.800 millones de dólares, generados mediante la apropiación de los salarios de profesionales, de los cuales menos del 2% se destina a la Salud Pública. Actualmente, esa práctica enfrenta una fuerte presión tanto política como jurídica.
Diversos gobiernos han comenzado a revisar los convenios con La Habana debido a denuncias de trabajo forzoso, y muy especialmente por la política actual estadounidense que ha intensificado el escrutinio sobre estas misiones y amenazado con sanciones a funcionarios extranjeros implicados en su contratación. Eso ha llevado a varios países a replantear su dependencia del personal sanitario cubano para aumentar la transparencia y salvaguardas laborales. Así, entre febrero y marzo, Annarella Grimal, periodista de DIARIO DE CUBA, reportó nuevas cancelaciones o modificaciones de los acuerdos de estas misiones en países como Jamaica, Honduras, Guatemala y Dominica. El modelo de exportación médica enfrenta consecuentemente una creciente erosión internacional, que se traduce en una reducción dramática de los ingresos de GAESA.
La crisis general del conglomerado
Cada uno de los aspectos anteriores podría interpretarse como una dificultad sectorial. Sin embargo, considerados de conjunto, revelan algo más: la fragilidad del modelo económico construido alrededor de GAESA, y el agotamiento de sus pilares fundamentales. El petróleo escasea, su obtención es cada vez más costosa y no genera ingresos; el turismo se encuentra en una espiral de declive próxima a la paralización; y las misiones médicas enfrentan cuestionamientos que amenazan su continuidad. Esta convergencia reduce drásticamente la capacidad del régimen para generar divisas y sostener su sistema de importaciones.
Durante años, el conglomerado militar funcionó como una especie de “Estado dentro del Estado”, concentrando las actividades que generaban divisas mientras el resto de la economía quedaba relegada a una estructura improductiva. Por ello, la crisis actual no puede entenderse como el resultado de sanciones externas o de errores de gestión aislados. Es, sobre todo, el agotamiento de un modelo económico hipercentralizado y corrupto que apostó por unos pocos sectores controlados por una élite militar, que hoy no sostienen el sistema. Por ello, Cuba se encuentra en una fase en la que los problemas de su modelo económico ya no pueden ser compensados con propaganda ni con ajustes administrativos, sino con un cambio integral de sistema.
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