domingo, 23 de agosto de 2026

El miedo también cuenta: lo que revela la nueva encuesta de DIARIO DE CUBA

El miedo también cuenta: lo que revela la nueva encuesta de DIARIO DE CUBA

El sondeo Foco Cuba: Opinión, autocensura y acción cívica deja una advertencia para interpretar la realidad política cubana: lo que se ve no coincide con lo que existe.

Datos de la tercera encuesta de DDC aplicada por Cubadata. De fondo, una calle de La Habana.

Seis de cada diez cubanos consideran urgente un cambio político en la Isla. Casi la misma proporción teme sufrir represalias contra sí misma o su familia por expresar lo que piensa. Y más de la mitad reconoce que casi siempre evita manifestar sus opiniones políticas en público. La combinación de esos tres datos apunta a una de las principales conclusiones de Foco Cuba: Opinión, autocensura y acción cívica, tercera encuesta publicada este año por DIARIO DE CUBA, que la ausencia de protesta o crítica visible no equivale a ausencia de descontento.

El estudio fue realizado entre el 20 de mayo y el 8 de junio entre un panel de 2.214 cubanos conectados a internet y residentes en todas las provincias del país. Es el tercero de una serie de diez estudios que permiten observar la evolución de las respuestas de los mismos participantes.

Esta vez, además de preguntar qué piensan los cubanos sobre la situación del país y sus perspectivas de futuro, la investigación intentó medir cuánto de lo que piensan están dispuestos a expresar cuando hacerlo puede tener consecuencias. Los resultados muestran una distancia considerable entre opinión privada y expresión pública. El 60,4% considera urgente un cambio político y el 57,9% se declara insatisfecho con el sistema. Pero el 54,6% reconoce que casi siempre evita expresar públicamente sus opiniones políticas y el 58,8% teme consecuencias represivas para sí mismo o su familia.

La distancia se hace más visible cuando se pregunta qué ocurriría si pudieran hablar sin miedo. El 30,5% cree que las críticas al sistema aumentarían mucho y otro 26,5% considera que aumentarían algo. Solo el 12,5% piensa que habría poca diferencia respecto a lo que se expresa actualmente. Para Arístides A. Vara Horna, investigador de Cubadata responsable de implementar el estudio, esos datos obligan a incorporar el silencio al análisis de la opinión pública cubana. En un contexto represivo, negarse a responder una pregunta puede ser una decisión racional de autoprotección y no una señal de indiferencia o conformidad.

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La propia encuesta encontró indicios de ese comportamiento. Ante preguntas políticamente sensibles, una proporción importante de participantes optó por no responder. Cerca del 37% evitó pronunciarse sobre la eliminación del partido único y alrededor del 28% hizo lo mismo respecto a la Seguridad del Estado. El estudio no atribuye una posición opositora a quienes guardaron silencio. Advierte, sin embargo, que este no puede interpretarse como respaldo al sistema.

Para medir hasta qué punto el miedo puede condicionar las respuestas, los investigadores introdujeron además un experimento: distribuyeron versiones diferentes del cuestionario, con formulaciones directas, neutrales e indirectas de determinadas preguntas. Las respuestas variaron en algunos casos según la manera de preguntar, lo que permitió detectar asuntos particularmente sensibles a la autocensura. En otros, las preferencias se mantuvieron estables pese a los cambios de formulación.

Uno de los hallazgos más significativos es que las personas que más se autocensuran son las que expresan posiciones más críticas cuando finalmente responden. El dato obliga a matizar la geografía visible del descontento en Cuba. Una provincia con menos protestas o expresiones públicas de rechazo no necesariamente alberga menos inconformidad, sino que el costo de manifestarla puede ser mayor.

La encuesta detecta este fenómeno en el oriente del país y sugiere que el miedo no se distribuye de manera uniforme, sino que está condicionado por factores territoriales y sociales. A ello se suma la precariedad económica. Quien teme perder un empleo, una ayuda o una prestación estatal dispone de menos margen para asumir riesgos políticos. Represión y supervivencia cotidiana pueden así reforzarse mutuamente.

Los resultados dibujan, de hecho, una suerte de recorrido desde el descontento hasta la acción. Primero aparece el malestar privado; después, el miedo y la búsqueda de espacios seguros; luego, acciones de baja exposición y, finalmente, un grupo mucho más reducido con capacidad para organizarse. La protesta visible sería, desde esta perspectiva, la última parte de un fenómeno más amplio. El miedo no elimina la voluntad de participar, pero puede desplazarla hacia comportamientos menos visibles y arriesgados.

La diferencia entre lo que los encuestados hacen actualmente y lo que estarían dispuestos a hacer si pudieran actuar con seguridad permite medir parte de esa brecha. Solo el 8,7% asegura que no realizaría ninguna acción incluso en condiciones seguras.

Por otra parte, querer cambios tampoco significa coincidir sobre cuáles deben ser o cómo alcanzarlos. Un 22,4% prefiere un diálogo amplio que conduzca a una transición ordenada; un 22,7% apuesta por una fuerte presión internacional; un 18,4% prioriza un cambio político profundo, y un 16,3% sitúa por delante el alivio económico inmediato. El rechazo al sistema, por tanto, no produce un consenso automático sobre qué debe sustituirlo ni sobre cómo debe producirse una transición.

Foco Cuba: Opinión, autocensura y acción cívica deja así una advertencia para interpretar la realidad política cubana: lo que se ve no necesariamente coincide con lo que existe. El régimen conserva una considerable capacidad para controlar la expresión pública, pero esa capacidad no implica un control equivalente sobre las preferencias privadas.

La encuesta no pretende convertir ese descontento en una cifra espectacular ni presentar una sociedad homogénea detrás de un supuesto consenso opositor. Sus resultados muestran que la disidencia visible es solo una parte del fenómeno; que el silencio puede funcionar como estrategia de autoprotección; que quienes menos hablan no son necesariamente quienes menos cuestionan; y que la demanda de cambio convive con profundas diferencias sobre cómo debería producirse.

En un país donde expresar una opinión política puede tener consecuencias, medir solo lo que los ciudadanos dicen en público ofrece una imagen incompleta. Entender lo que callan puede ser indispensable para comprender la Cuba de hoy y la que podría emerger si disminuyera el costo de decir lo que se piensa.


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