La seguridad de los gobernantes y el enigma de la muerte de Salvador Allende
Rolando Cartaya enero 13, 2026
La versión oficial sostiene que Allende se suicidó durante el golpe de 1973, pero existen teorías que sugieren magnicidio, con evidencias contradictorias.
El periodista venezolano Casto Ocando ha revelado nuevos detalles sobre la operación estadounidense para capturar a Nicolás Maduro y el rol de los cubanos encargados de garantizar la seguridad del dictador.
En este contexto, se explora el rol de la inteligencia cubana y sus nexos históricos con figuras como Allende, trayendo a la luz episodios clave sobre injerencias políticas, entrenamientos militares y teorías sobre el trágico final del exmandatario chileno.
El colega venezolano Casto Ocando, probablemente el periodista con información interna más sólida sobre la campaña estadounidense Southern Spear (Lanza del Sur) y la operación de captura de Nicolás Maduro Absolute Resolve (Resolución absoluta), ha hecho tres revelaciones sobre esta última, basadas en sus fuentes de inteligencia.
Ocando, uno de los coautores en 2019 del libro “Cubazuela: crónica de una intervención cubana” junto con el politólogo Juan Antonio Blanco, el investigador Luis Domínguez y quien escribe, tituló “Cubanos en desbandada dramática en Venezuela” uno de sus programas diarios en YouTube, en el que destapa lo siguiente:
1- Que sí hubo cubanos sobrevivientes del dispositivo de seguridad que fueron helitransportados, tal como Maduro y su esposa Cilia Flores, al miniportaaviones Iwo Jima;
2- Que el gobierno de Cuba está sacando hacia Colombia y otros países a sus efectivos para evitar que EEUU acumule pruebas de una injerencia y control militar masivos de Cuba en Venezuela (como se ha detallado en el citado libro).
3- Que los militares cubanos de la guardia pretoriana de Maduro fueron exterminados porque la CIA tenía información de que habían recibido órdenes desde La Habana de impedir a toda costa que Maduro fuera capturado vivo.
Este último punto sería congruente con situaciones similares en la historia del castrismo que permanecen como secretos de Estado. Una de ellas, el posible asesinato de Salvador Allende en el Palacio de La Moneda durante el golpe militar encabezado por Augusto Pinochet en Chile, el 11 de septiembre de 1973
El periodista venezolano Casto Ocando en entrevista con Martí Noticias.
Una visita tan larga como sus discursos
Allende había visitado Cuba en 1959, poco después del triunfo revolucionario, y se había reunido con Fidel Castro y el Che Guevara. Luego repitió visitas casi anuales hasta 1968. Al asumir, en noviembre de 1970, la presidencia de Chile, convirtiéndose en el primer político marxista en acceder al poder a través de las urnas en la región, restauró inmediatamente las relaciones diplomáticas con la isla (rotas desde 1964).
En noviembre de 1971, Fidel Castro llegó a Chile. La visita más larga de tres que le hizo Castro a Hugo Chávez, su discípulo venezolano devenido presidente ─la de octubre del 2000─ duró cinco días. La única que le hizo en Chile a Salvador Allende duró 24, del 10 de noviembre al 4 de diciembre de 1971.
Al parecer la victoria electoral de Allende, apenas un año antes, le provocó a Castro sentimientos encontrados. Por una parte, había un primer gobierno marxista aliado de Cuba en el subcontinente; por la otra, Allende había llegado al poder por la vía burguesa de las elecciones libres, no por la lucha armada que Castro predicaba y cuyos focos se habían reproducido como hongos en la región desde la década anterior.
Juzgando por lo que hizo en Chile, esto último prevaleció. Castro se saltó el programa original de 10 días de su visita realizando su propia vuelta de la victoria: recorrió de Norte a Sur la longitudinal geografía chilena visitando minas, fábricas y universidades, y castigando a las multitudes con discursos provocadores.
En ese marco hizo pronunciamientos que el propio Allende resintió. Acusó continuamente de débil a la vía electoral, en comparación con la lucha armada. (Décadas después apoyaría, a través del Foro de Sao Paulo que él y “Lula” Da Silva fundaron en 1990, la estrategia de alcanzar el poder a través de las urnas, una que llegó a sentar en la silla presidencial a políticos socialistas en 12 países de la región.
Otros puntos controversiales de las filípicas castristas en su tournée chilena fueron criticar a la prensa opositora, calificándola de “libelo”, y demandar mayor movilización de la izquierda chilena para defender al gobierno de la Unidad Popular "por los medios que sean necesarios" contra la oposición, a la que llamó reiteradamente “fascista”.
El siguiente ejemplo es parte de su largo discurso de despedida en el Estadio Nacional de Chile, el 2 de diciembre de 1971:
"Por debilidades en el propio proceso revolucionario... los fascistas —para llamarlos como son— están tratando de ganarles la calle... tratar de ganarles las capas medias de la población... el éxito o el fracaso de este insólito proceso dependerá de la batalla ideológica y de la lucha de masas".
Estos planteamientos descaradamente pontificados por el principal proxy de la Unión Soviética en América Latina a lo largo de su gira polarizaron a Chile: los simpatizantes de Allende los vieron como solidaridad, mientras que la oposición los usó para denunciar injerencia y radicalismo. Eventualmente contribuyeron a los cacerolazos y tensiones previas al golpe de 1973.
Algo que simboliza la inconformidad de Castro con la vía electoral es que no se le ocurrió regalarle a su “compañero” Allende una caja de habanos o de botellas de ron cubano, sino que le obsequió un fusil AK-47.
Controlar arriba
Controlar arriba ha sido una máxima de la contrainteligencia castrista en su labor de zapa contra la oposición. Infiltrarse no como miembro simple, sino cerca de los líderes. Aunque el dispositivo de seguridad de Allende fue inicialmente como sus siglas GAP lo indican un Grupo de Amigos Personales del presidente naturales de Chile y que compartían sus ideas socialistas, Castro necesitaba tener cerca de Allende a gente de su confianza.
Se ha dicho que fue la hija del mandatario chileno, Beatriz Allende Bussi, casada con el cubano Luis Fernández Oña, quien pidió ayuda a Cuba para reforzar la seguridad de su padre. Pero esto suena demasiado como la reciente justificación del gobierno castrista sobre la presencia de 32 cubanos en Venezuela que perecieron durante la operación Absolute Resolve: “cumplían misiones en representación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior, a solicitud de órganos homólogos” de Venezuela.
Agente Romeo
En realidad, Fernández Oña, alias Carretero, fue un oficial del aparato de inteligencia cubano, entonces DGI, particularmente enfrascado en la labor política y de inteligencia en América Latina durante las décadas de 1960 y 1970. Fernández Oña era, habitualmente, el funcionario cubano del Departamento América del Comité Central del PCC dirigido por Manuel Piñeiro que atendía a Allende cuando éste visitaba la isla.La seguridad de los gobernantes y el enigma de la muerte de Salvador Allende
Rolando Cartaya enero 13, 2026
La versión oficial sostiene que Allende se suicidó durante el golpe de 1973, pero existen teorías que sugieren magnicidio, con evidencias contradictorias.
El periodista venezolano Casto Ocando ha revelado nuevos detalles sobre la operación estadounidense para capturar a Nicolás Maduro y el rol de los cubanos encargados de garantizar la seguridad del dictador.
En este contexto, se explora el rol de la inteligencia cubana y sus nexos históricos con figuras como Allende, trayendo a la luz episodios clave sobre injerencias políticas, entrenamientos militares y teorías sobre el trágico final del exmandatario chileno.
El colega venezolano Casto Ocando, probablemente el periodista con información interna más sólida sobre la campaña estadounidense Southern Spear (Lanza del Sur) y la operación de captura de Nicolás Maduro Absolute Resolve (Resolución absoluta), ha hecho tres revelaciones sobre esta última, basadas en sus fuentes de inteligencia.
Ocando, uno de los coautores en 2019 del libro “Cubazuela: crónica de una intervención cubana” junto con el politólogo Juan Antonio Blanco, el investigador Luis Domínguez y quien escribe, tituló “Cubanos en desbandada dramática en Venezuela” uno de sus programas diarios en YouTube, en el que destapa lo siguiente:
1- Que sí hubo cubanos sobrevivientes del dispositivo de seguridad que fueron helitransportados, tal como Maduro y su esposa Cilia Flores, al miniportaaviones Iwo Jima;
2- Que el gobierno de Cuba está sacando hacia Colombia y otros países a sus efectivos para evitar que EEUU acumule pruebas de una injerencia y control militar masivos de Cuba en Venezuela (como se ha detallado en el citado libro).
3- Que los militares cubanos de la guardia pretoriana de Maduro fueron exterminados porque la CIA tenía información de que habían recibido órdenes desde La Habana de impedir a toda costa que Maduro fuera capturado vivo.
Este último punto sería congruente con situaciones similares en la historia del castrismo que permanecen como secretos de Estado. Una de ellas, el posible asesinato de Salvador Allende en el Palacio de La Moneda durante el golpe militar encabezado por Augusto Pinochet en Chile, el 11 de septiembre de 1973
El periodista venezolano Casto Ocando en entrevista con Martí Noticias.
Una visita tan larga como sus discursos
Allende había visitado Cuba en 1959, poco después del triunfo revolucionario, y se había reunido con Fidel Castro y el Che Guevara. Luego repitió visitas casi anuales hasta 1968. Al asumir, en noviembre de 1970, la presidencia de Chile, convirtiéndose en el primer político marxista en acceder al poder a través de las urnas en la región, restauró inmediatamente las relaciones diplomáticas con la isla (rotas desde 1964).
En noviembre de 1971, Fidel Castro llegó a Chile. La visita más larga de tres que le hizo Castro a Hugo Chávez, su discípulo venezolano devenido presidente ─la de octubre del 2000─ duró cinco días. La única que le hizo en Chile a Salvador Allende duró 24, del 10 de noviembre al 4 de diciembre de 1971.
Al parecer la victoria electoral de Allende, apenas un año antes, le provocó a Castro sentimientos encontrados. Por una parte, había un primer gobierno marxista aliado de Cuba en el subcontinente; por la otra, Allende había llegado al poder por la vía burguesa de las elecciones libres, no por la lucha armada que Castro predicaba y cuyos focos se habían reproducido como hongos en la región desde la década anterior.
Juzgando por lo que hizo en Chile, esto último prevaleció. Castro se saltó el programa original de 10 días de su visita realizando su propia vuelta de la victoria: recorrió de Norte a Sur la longitudinal geografía chilena visitando minas, fábricas y universidades, y castigando a las multitudes con discursos provocadores.
En ese marco hizo pronunciamientos que el propio Allende resintió. Acusó continuamente de débil a la vía electoral, en comparación con la lucha armada. (Décadas después apoyaría, a través del Foro de Sao Paulo que él y “Lula” Da Silva fundaron en 1990, la estrategia de alcanzar el poder a través de las urnas, una que llegó a sentar en la silla presidencial a políticos socialistas en 12 países de la región.
Otros puntos controversiales de las filípicas castristas en su tournée chilena fueron criticar a la prensa opositora, calificándola de “libelo”, y demandar mayor movilización de la izquierda chilena para defender al gobierno de la Unidad Popular "por los medios que sean necesarios" contra la oposición, a la que llamó reiteradamente “fascista”.
El siguiente ejemplo es parte de su largo discurso de despedida en el Estadio Nacional de Chile, el 2 de diciembre de 1971:
"Por debilidades en el propio proceso revolucionario... los fascistas —para llamarlos como son— están tratando de ganarles la calle... tratar de ganarles las capas medias de la población... el éxito o el fracaso de este insólito proceso dependerá de la batalla ideológica y de la lucha de masas".
Estos planteamientos descaradamente pontificados por el principal proxy de la Unión Soviética en América Latina a lo largo de su gira polarizaron a Chile: los simpatizantes de Allende los vieron como solidaridad, mientras que la oposición los usó para denunciar injerencia y radicalismo. Eventualmente contribuyeron a los cacerolazos y tensiones previas al golpe de 1973.
Algo que simboliza la inconformidad de Castro con la vía electoral es que no se le ocurrió regalarle a su “compañero” Allende una caja de habanos o de botellas de ron cubano, sino que le obsequió un fusil AK-47.
Controlar arriba
Controlar arriba ha sido una máxima de la contrainteligencia castrista en su labor de zapa contra la oposición. Infiltrarse no como miembro simple, sino cerca de los líderes. Aunque el dispositivo de seguridad de Allende fue inicialmente como sus siglas GAP lo indican un Grupo de Amigos Personales del presidente naturales de Chile y que compartían sus ideas socialistas, Castro necesitaba tener cerca de Allende a gente de su confianza.
Se ha dicho que fue la hija del mandatario chileno, Beatriz Allende Bussi, casada con el cubano Luis Fernández Oña, quien pidió ayuda a Cuba para reforzar la seguridad de su padre. Pero esto suena demasiado como la reciente justificación del gobierno castrista sobre la presencia de 32 cubanos en Venezuela que perecieron durante la operación Absolute Resolve: “cumplían misiones en representación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior, a solicitud de órganos homólogos” de Venezuela.
Agente Romeo
En realidad, Fernández Oña, alias Carretero, fue un oficial del aparato de inteligencia cubano, entonces DGI, particularmente enfrascado en la labor política y de inteligencia en América Latina durante las décadas de 1960 y 1970. Fernández Oña era, habitualmente, el funcionario cubano del Departamento América del Comité Central del PCC dirigido por Manuel Piñeiro que atendía a Allende cuando éste visitaba la isla.
En una de esas escapadas de Allende a Cuba, en 1967, Beatriz Allende conoció a Fernández Oña, y se inició una relación sentimental ¿Amor sincero? Me gustaría solo recordar el matrimonio de Juan Pablo Roque con la cubanoamericana Ana Margarita Martínez como parte de la cobertura de las actividades de espionaje de él en Miami.
La inteligencia cubana, como han expuesto desertores de ese sector, fue entrenada por la Stasi germanooriental en las tácticas del agente Romeo, el arte de la seducción con el objetivo de conseguir secretos de Estado o ejercer influencia, aprovechando relaciones sentimentales con mujeres que tenían acceso a información sensible o el oído de funcionarios clave.
Alias Carretero llegó a la Embajada de Cuba en Santiago de Chile 22 días después de la elección de Allende para preparar la reanudación de relaciones diplomáticas. Una de las primeras cosas que hizo fue estabilizar su relación con Beatriz Allende. Ejerció funciones de consejero político y de inteligencia en la embajada cubana, con responsabilidades que incluían el apoyo y coordinación con sectores de la izquierda en ese país. Pero el foco de su labor sería el refuerzo de la seguridad personal del presidente Allende, casualmente recomendado por Beatriz.
Así empezó Castro a comisionar para “proteger” al mandatario marxista chileno, no a efectivos del Departamento de Seguridad Personal del Ministerio del Interior, sino a algunos de sus más experimentados agentes y guerreros en la sombra.
En una de esas escapadas de Allende a Cuba, en 1967, Beatriz Allende conoció a Fernández Oña, y se inició una relación sentimental ¿Amor sincero? Me gustaría solo recordar el matrimonio de Juan Pablo Roque con la cubanoamericana Ana Margarita Martínez como parte de la cobertura de las actividades de espionaje de él en Miami.
La inteligencia cubana, como han expuesto desertores de ese sector, fue entrenada por la Stasi germanooriental en las tácticas del agente Romeo, el arte de la seducción con el objetivo de conseguir secretos de Estado o ejercer influencia, aprovechando relaciones sentimentales con mujeres que tenían acceso a información sensible o el oído de funcionarios clave.
Alias Carretero llegó a la Embajada de Cuba en Santiago de Chile 22 días después de la elección de Allende para preparar la reanudación de relaciones diplomáticas. Una de las primeras cosas que hizo fue estabilizar su relación con Beatriz Allende. Ejerció funciones de consejero político y de inteligencia en la embajada cubana, con responsabilidades que incluían el apoyo y coordinación con sectores de la izquierda en ese país. Pero el foco de su labor sería el refuerzo de la seguridad personal del presidente Allende, casualmente recomendado por Beatriz.
Así empezó Castro a comisionar para “proteger” al mandatario marxista chileno, no a efectivos del Departamento de Seguridad Personal del Ministerio del Interior, sino a algunos de sus más experimentados agentes y guerreros en la sombra.
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