lunes, 8 de enero de 2024

Un día como hoy, enero 8, en nuestra lucha contra el castrocomunismo.

Un día como hoy, enero 8, en nuestra lucha contra el castrocomunismo.
 
Dedicado a aquellos que dicen que en Cuba no se combatió el comunismo.
 
Comparta estas efemérides. Gracias.
 
PROHIBIDO OLVIDAR.
 
1959
 
Modesto Gallo Cruz es fusilado en Trinidad, Las Villas. Era cabo cocinero del ejército asignado al cuartel de Cienfuegos. Tenía un salvoconducto dado por el ejército rebelde, pero fue arrestado estando en camino a su casa en Trinidad. 
 
*****
 
El exmiembro de las fuerzas armadas de Cuba, David Pérez es asesinado. Su cuerpo fue encontrado en los Marañones, Camagüey.
 
 1961
 
Fue destruida por un incendio la colchonería "O. K", en La Habana, al ser saboteada por miembros de la organización "Triple A". El costo según el régimen castrista es de 50,000.00 pesos.
 
1963
 
La guerrilla comandada por José “Cheito” León le causa una baja al ejército en el Corojal, cerca de Manaca Iznaga, Trinidad, provincia de Las Villas.
 
1966
 
Gerónimo Candina Betancourt y Félix Cruz mueren en un accidente durante el plan de trabajos forzados en Isla de Pinos cuando el camión sobrecargado en el que los transportaban se volcó. Formaban parte de una de las brigadas de presos llevados a los campos para realizar trabajos forzados. En ese momento (1964-1967) varios miles de presos políticos detenidos en la Isla de Pinos fueron sometidos al régimen de extrema represión, trabajos forzados y desnutrición denominado plan especial Camilo Cienfuegos. Las palizas y los castigos severos eran habituales y los guardias de la prisión asesinaron a varios presos. Hasta entonces, durante la historia de la república cubana, nunca se había obligado a trabajar a los presos políticos.
 
2015
 
Sesión en el Board of Freeholders del Condado de Hudson donde se aprobó el apoyo a la Resolución No. 108 del Senado Estatal de New Jersey de condena al restablecimiento de relaciones de EE.UU. con Cuba y al efecto fueron citados miembros de la Unión de Expresos Políticos Cubanos de NY, NJ, CT para estar presentes en el debate, que acordó un respaldo unánime a misma. 
 
2016
 
Fallece en Washington, DC. el expreso político cubano Emilio Adolfo Rivero Caro. A principios de 1961 se había infiltrado en Cuba para ayudar a la oposición lanzándose en paracaídas.
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DIEGO EL INGENIERO, PUEDES SER TU O CUALQUIERA DE NOSOTROS

AQUELLOS BRUTOS

A falta del nombre verdadero de aquellos verdugos uniformados de verde olivo, los presos políticos les llamábamos "La Pinta", "Brazo de Oro", "Ma-Queda", "Carro Loco", "Girón", "Escambray", "El 9", "Tabaquito", "Perro Prieto", "Eta-quetaquí", "To-le-jode", "Luis Marihuana", etc. El apellido, sin embargo, era el mismo para todos aquellos desalmados sicarios del régimen comunista que se gozaban en atormentar y asesinar a los presos políticos cubanos en los campos de trabajo forzado de Isla de Pinos; les pusimos "Morejón el HP", "Enamorado el HP", "Porfirio el HP". Al menos uno de ellos llegó a ser promovido al cargo de Director del Presidio Modelo para Varones de Isla de Pinos y más tarde nombrado como Miembro Pleno del Comité Central del Partido Comunista de Cuba: Cmdte. "Julio Tarrau el HP".
A veces nos metían en potreros donde pastaba el ganado cebú y espantaban a los nerviosos animales para que se nos echaran encima, y en una de aquellas estampidas, una de las bestias levantó por los aires al Gallego Riverón y lo incrustó contra la cerca de alambre de púas destrozándole parte de la cara y causándole numerosas heridas por todo el cuerpo.
Otras veces escogían a los presos más débiles y nos obligaban a transportar los sacos de casi 200 libras de fertilizante soviético, caminando descalzos sobre el terreno surcado por el paso de las bestias y tractores que se desplazaban sobre la tierra encharcada por el estiércol y las lluvias recientes. Entonces apostaban sobre quién recorrería la mayor distancia con la apestosa carga sobre los hombros antes de caer desplomados por el peso y el hambre. Creo que una vez yo fui el ganador, pues a pesar de la fiebre palúdica que padecía, pude mover mi harapienta y esquelética figura hasta llegar al final del potrero, dónde, con un esfuerzo supremo y acompañado de un alarido salido de las entrañas, levanté el saco de abono sobre mi cabeza y lo reventé contra la cerca al dejarme caer sobre ella con la pesada carga.
El asunto de la cerca rota me ganó otro nivel de castigo. A base de empujones e improperios, me sacaron del portón y me llevaron hasta más allá de un monte cercano, lugar donde practicaban tiro un grupo de carceleros. Resulta que el "blanco" de la práctica lo constituía el mango de los instrumentos de trabajo de mi amigo Roberto Perdomo y otros 10 ó 12 presos políticos más, quiénes "guataca" en mano,  limpiaban de malezas un extenso sembradío al pié de la Sierra Caballo.
   - "Agáchate que te joden",  me alertó uno de ellos en tono medio burlón, cuando me incorporé al grupo de castigo.
   - "Están tirando y están borrachos", dijo otro sin inmutarse, pues la costumbre de vivir siempre en peligro, lo había inmunizado contra el miedo a los desmadres de las tropas especiales para la seguridad del régimen comunista.
El largo brazo de los aperos de labranza sobresalía por encima de la cabeza del recluso -- sobretodo si uno se encorvaba lo bastante, como para evitar ser alcanzado por los disparos de la divertida soldadesca. Más de un "palo" de "guataca" ó azadón fue tocado por las balas aquél día, pero Gracias a Dios, los soldados suspendieron la práctica cuando los presos dejaron de agacharse y comenzaron a desafiar a los miserables asesinos.
Martín Pérez, un hombre de fuerte complexión física que llegó a pesar 119 libras, así como Vigo Cancio y otros jóvenes todavía saludables, obtuvieron la deseada oportunidad de intercambiar golpes con "El Negro Campeón", los hermanos "Sera" y otros esbirros que según se decía, habían practicado boxeo en la categoría de pesos completos del ejército castrista. Los presos políticos elegidos para el combate pugilístico clandestino eran separados subrepticiamente del grupo de trabajo y llevados a un claro en la manigua, donde se improvisaba un cuadrilátero y se les golpeaba hasta que quedaban exhaustos y magullados en la desigual pelea.
A pesar de todas aquellas carencias y vicisitudes, el suicidio no era una opción. Cuando alguno de nosotros arremetía contra la guarnición, enseguida los demás a su alrededor lo cubríamos con nuestros cuerpos y entonces se iniciaba un proceso de negociación con los feroces guardianes para que no lo mataran. Esa gestión muchas veces tenía un éxito momentáneo, pues quedaba pendiente el consiguiente maltrato físico; además, el expediente de "peligroso" podría traerle consecuencias futuras aún peores al patriota que había llegado al límite de su resistencia, incluyendo la eliminación física como el caso de "Paco Pico" -- en los pabellones de castigo y dentro de una celda unicelular --, o como a muchos otros, la extensión indefinida de la condena impuesta inicialmente.
Por otra parte, los presos políticos cubanos de la época, enfrentamos los métodos de terror impuestos por los comunistas y creamos nuestros propios modos de entretenimiento. 
A alguien se le ocurrió una vez, formar dos "equipos de pelota" con reglas muy similares a las del pasatiempo nacional; solo que el "turno al bate" estaba determinado por el momento en que comenzaba el castigo corporal contra el recluso durante la jornada de trabajo. Es decir, el primer golpeado ó herido del día era el primer "bateador", el segundo sería el número 2 y así sucesivamente, dependiendo del "equipo" al que perteneciera el prisionero castigado. 3 planazos ó menos era "base por bolas", aunque estos "boletos", a diferencia del juego de béisbol regular, contaba para el "promedio general de bateo”, y en cuya competencia sobresalía el "jardinero central del equipo de los Alacranes del Almendares", Roberto Vega Ponce. Un "sencillo", de 4 a 6 planazos; "doblete", de 7 a 9; "triple", de 10 a 12. Para que fuera "jonrón", había que recibir más de 12 planazos seguidos. Las "reglas del juego" establecían además que una herida de bayoneta, a machetazos, ó con cualquier otro instrumento de castigo -- siempre que no fuera auto infligida -- recibía la categoría de "sencillo", "doble" o “triple"; y "jonrón" si ocasionaba diez ó más puntos de sutura. Las heridas de bala siempre eran consideradas "jonrón" con las bases llenas, aunque no hubiera nadie en las supuestas "almohadillas". También teníamos otras reglas escalofriantes pero las mismas no son objeto de este relato. 
Cuando se popularizó el "campeonato", hubo que suspenderlo de inmediato por recomendación de algunos profesionales de la salud física y mental que servían años de prisión junto con nosotros. Después de unas pocas semanas se hizo evidente que aquella desesperada "distracción" comprometía la pureza de nuestro deber patriótico de mantener, a toda costa, la rebeldía dentro de las prisiones políticas. Baste decir que el último "juego" donde trabajé como "anotador", terminó con resultado de 16 por 15 a favor de los "Leones de la Habana" y el "campeonato de bateo", que se calculaba en días golpeados entre jornadas de trabajo, multiplicado por mil, tenía a varios "jugadores" con promedio por encima de la marca de los 300. 
Y así pasábamos los días y los años; los guardianes, refinando sus métodos de crueldad y ejecutando los asesinatos ordenados por sus superiores; nosotros, endureciendo la resistencia contra la barbarie comunista y esperando la muerte inevitable si antes no se alcanzaba la libertad de la patria esclavizada u ocurría un milagro que nos sacara de aquel horroroso engendro castrista de trabajo forzado titulado "Plan Especial Camilo Cienfuegos".
Crónicas de Juventud. Diego el Ingeniero.
(Estas anécdotas corresponden a experiencias vividas durante la etapa de Trabajos Forzados en el Bloque 21 del Edificio 5 del Presidio de Isla de Pinos. Otros Bloques de Trabajo Forzado vivieron situaciones similares y aún peores).
 


¡Qué cara más dura! "Mayorkas culpa al Gobernador de Texas por la crisis...

Canel, te volví a coger la mentira! #ariguibert #reporteros

domingo, 7 de enero de 2024

RECORRIDO por los negocios particulares que venden JUGUETES: altos PRECI...

Un día como hoy, enero 7, en nuestra lucha contra el castrocomunismo.

Un día como hoy, enero 7, en nuestra lucha contra el castrocomunismo.
 
Dedicado a aquellos que dicen que en Cuba no se combatió el comunismo.
 
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PROHIBIDO OLVIDAR.
 
1896 
 
Muere en combate el Lugarteniente General del Ejército Libertador Antonio Maceo y Grajales después de haber pasado por el mar la trocha española de Mariel a Majana y sellar con su muerte la campaña de la invasión de Occidente, en la Guerra de Independencia de Cuba. 
 
1959
 
El teniente coronel de la Policía Cornelio Rojas Fernández es fusilado en Santa Clara. 
 
1960 
 
Gregorio Hernández es fusilado en Pinar del Río. 
 
1962
 
Valerio Padrón Silva, acusado de actividades en contra del estado y ser líder en San José de los Ramos del Movimiento de Recuperación Revolucionaria (MRR) es fusilado en La Habana. 
 
1967
 
Francisco Molina es fusilado en La Cabaña. 
 
1968 
 
Gregorio Ortega Pérez es asesinado en la prisión 5½ de Pinar del Río. 
 
*****
 
Adalberto Martínez Noroña es asesinado en el campo de concentración “Sandino” en Pinar del Río.
 
1977
 
Ciudadano estadounidense que tenía negocios en la Cuba anterior a Castro y que luego se involucró en operaciones encubiertas anticomunistas de la CIA en Cuba. Según los informes, se suicidó ante una investigación del Congreso sobre una operación encubierta fallida de la CIA en 1963 que había llevado a cabo para sacar de Cuba clandestinamente a desertores soviéticos. Los barcos de la Armada de los EE. UU. Habían disparado accidentalmente al barco de infiltración Flying Tiger II, matando a todo el equipo de infiltración de 10 hombres (según se sabe,éstos tenían información de que no todos los misiles soviéticos habían sido retirados de Cuba después de la crisis de los misiles de octubre de 1962). Pawley murió por heridas de bala y su muerte fue declarada suicidio. Los aficionados a la conspiración argumentaron que tenía algo que ver con las investigaciones llevadas a cabo por el Comité Selecto de Asesinatos de la Cámara de Representantes. Lo más probable es que, como argumentaron los familiares, Pawley sufriera un dolor insoportable debido a un caso severo de herpes zóster y se quitó la vida para encontrar alivio. Consulte los casos 4676, 4670, 4677, 4678, 4679, 4684, 4685, 4689, 4673 y 4669.
 
[Source: W. Cancio Isla, El Nuevo Herald, 1 enero 2001, p. 15-A. Corzo, 2003, p. 165. The Fascinating Life of Bill Pawley and the Flying Tigers, https://flyingtigersus.wordpress.com/2011/04/27/bill-pawley-and-the-flying-tigers/ Archivo Cuba]
 
Conflicto de evidencia: Una fuente reporta que se encontraba encarcelado por el régimen castrista y murió poco tiempo después, posiblemente asesinado.
 
1990
 
Se suicida en New York el escritor y expreso político cubano Reynaldo Arenas de 47 años, escribiendo lo que de seguro sería el texto más difícil de su vida: “Queridos amigos: debido al estado precario de mi salud y a la terrible depresión sentimental que siento al no poder seguir escribiendo y luchando por la libertad de Cuba, pongo fin a mi vida. En los últimos años, aunque me sentía muy enfermo, he podido terminar mi obra literaria, en la cual he trabajado por casi treinta años. Les dejo pues como legado todos mis terrores, pero también la esperanza de que pronto Cuba será libre. (...) Pongo fin a mi vida voluntariamente porque no puedo seguir trabajando. Ninguna de las personas que me rodean está comprometida en esta decisión. Sólo hay un responsable: Fidel Castro. Los sufrimientos del exilio, las penas del destierro, la soledad y las enfermedades que haya podido contraer en el destierro seguramente no las hubiera sufrido de haber vivido libre en mi país”.
 
1987
 
Manuel Suárez es asesinado en los interrogatorios en el centro de Seguridad del Estado conocido como "Villa Marista" en La Habana. 
 
2009
 
Muere en Puerto Rico el expreso político cubano Rubén Calzadilla Fernández, miembro fundador de la Unión de Expresos Políticos Cubanos de Venezuela y luego de Puerto Rico. 
 
 2015
 
El Senado Estatal de New Jersey aprueba la Resolución No. 108 presentada por los Senadores Brian P. Stack y Nicholas Sacco (Alcaldes de Union City y North Bergen) por la cual expresan su desacuerdo con la decisión del Presidente de EE.UU. Barack Obama de restaurar las relaciones diplomáticas con Cuba.
 


Quedan al descubierto!! El patio de Amalia produce más que las tierras d...

Tío Colo| Receta de mousse con solo 3 ingredientes 🍮🍫

Este va para la lista de los sinverguenzas! #reporteros

La cosa está caliente! #ariguibert #reporteros

sábado, 6 de enero de 2024

POSIBLE REVISION DE LA LEY DE AJUSTE CUBANO

Un día como hoy, enero 6, en nuestra lucha contra el castrocomunismo.

Un día como hoy, enero 6, en nuestra lucha contra el castrocomunismo.
 
Dedicado a aquellos que dicen que en Cuba no se combatió el comunismo.
 
Comparta estas efemérides. Gracias.
 
PROHIBIBO OLVIDAR.
 
1961
 
José Adonis Peña Calzada, alzado en armas contra el comunismo, muere en combate en sitio la Rosa, Sierra del Escambray, Las Villas. 
 
José Adonis se unió a la insurgencia en julio de 1960. Su hermano Juan Antonio, que solo tenía quince años, y su padre también se unieron a la insurgencia, pero estaban operando en grupos separados. Durante el combate, siguiendo la orden de retirada, José Adonis recibió un disparo en el costado. El gobierno confirmó su muerte a la familia, pero su cuerpo no fue devuelto para el entierro, una práctica habitual en el caso de los rebeldes. Su hermano Juan Antonio fue capturado el 6 de febrero de 1961 y cumplió un año y medio de prisión. Por ser menor de edad, se le concedió la libertad condicional, pero pasó 24 años en campos de trabajo a los que también se reubicó a su familia.
 
[Source: Written testimony of brother, Juan Antonio Peña Calzada, February 20, 2005, and March 6, 2005. Telephone interview with of brother, Juan Antonio Peña Calzada, April 3, 2006. / Archivo Cuba]
 
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EI Ejército de Liberación Nacional, publica una proclama pidiéndole al pueblo cubano que se levanten en armas contra la tiranía comunista de Fidel Castro. Firman Ia proclama comandante Augusto, comandante Osvaldo Ramírez, comandante Evelio Duque, capitán Edel Montiel, capitán Joaquín Membrides, capitán Ismael Rojas, capitán Ismael Heredia Roldán, capitán Armando Lima, capitán Gelasio Laborit, capitán Máximo Lorenzo, capitán César Páez, capitán Ramٕón Fernández, capitán Ricardo Rodríguez y Merejo Rodríguez. 
 
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Un Tribunal Revolucionario de Ia Fortaleza de la Cabaña, en la causa 557 de 1960, sancionó a 3 años a Julio Ríos Reyes. 
 
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Se infiltra desde EU Jorge Fundora Fernández con la misión de establecer una base de recepción de armas y recursos para los grupos que combatían al régimen.
 
1962
 
El excapitán del ejército Rebelde, Isaías Iglesias Pons es fusilado en La Cabaña.   
 
Ex oficial de carrera militar, había sido retirado del servicio después de cumplir seis meses en La Cabaña bajo el gobierno revolucionario (acusado de devolver los cuerpos de los hombres ejecutados allí a sus familias). Salió de Cuba y regresó en una misión de infiltración apoyada por la CIA. Fue ejecutado por cargos de infiltración desde el extranjero y espionaje para los Estados Unidos. Según se informa, había un informante en su grupo. Su madre había sido puesta bajo vigilancia y fue capturado cuando se encontró con ella en un lugar designado. Su madre fue juzgada por no denunciarlo y condenada a dos años de prisión. Fue condenado a muerte. Su cuerpo fue enterrado en una fosa común.
 
[Fuente: Written testimony of daughter, 1/9/08. Telephone testimony of wife, 6/20/2008. Written testimony of cousin, Memorial Cubano, Miami, February 25, 2006. New York Times, 24 January 1962, p. 3, column 3. / Archivo Cuba]
 
1967
 
Luís y Marcial Díaz Medina son fusilados en Santa Clara, LV.
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Diario de una sobreviviente.Por ALEIDA DURAN 
 
Cuando agentes de la Seguridad del Estado registraron la casa de Ana Rodríguez el 26 de febrero de 1961, sin encontrar ninguna prueba acusatoria contra ella, dijeron a su madre: "Señora, tenemos que llevar a su hija por algunos minutos a la ciudad para aclarar algunas cosas. Entonces la traeremos de vuelta". Rodríguez tenía 23 años y estudiaba el tercer año en la Escuela de Medicina de la Universidad de La Habana. 
 
Un mes más tarde, en un juicio en el que no hubo pruebas que presentar, Ana Rodríguez, Causa número 108 de abril 11 de 1961, fue condenada a 30 años de cárcel, seguidos de otros 30 años de prisión domiciliaria, por "atentar contra los poderes del Estado". 
 
Treinta y cuatro años después, la Dra. Rodríguez, de 57 años, está preparada para vivir el futuro. Sin embargo, siente que aunque sus heridas han sanado, las cicatrices permanecen, impidiéndole olvidar o perdonar los años de tortura que pasó en prisión.
 
"Después de todo, ¿qué significa mi gota de perdón, o no perdón, en el océano de dolor de los cubanos? Yo podría perdonar lo que a mí me hicieron, pero no tengo derecho a perdonar en nombre de los niños a los que les robaron la infancia, de los que amaban a los que fueron fusilados, de las madres cuyos hijos fueron torturados hasta morir", dice esta mujer, una de las tres últimas presas "plantadas" (que se negaron a aceptar planes de rehabilitació) del presidio histórico, puestas en libertad por el régimen de Fidel Castro a finales de la década de los años 70.
 
Rodríguez escribió el libro Diary of a Survivor, con la colaboración del escritor y periodista Glen Garvin, el cual fue publicado en junio de 1995 por la editorial St. Martin's Press. Ha sido elogiosamente criticado en numerosos diarios de amplia circulación, como el Washington Post. La revista New Yorker lo mencionó entre los libros más recomendados del verano de 1995.
 
La vida bajo el régimen de Castro, y en particular, la prisión política en Cuba, han dado pie a más de una leyenda y a ríos de literatura incompleta, atrevida y de no siempre exacta erudición.
 
Diary of a Survivor, por el contrario, no es una obra fruto de la improvisación. Surge del conocimiento directo de una mujer de rebeldía mambisa, inteligente, profunda, recia y sensitiva, quien vivió el presidio político cubano casi desde el principio, hasta que Castro se "humanizó" porque a mediados de la década del 1970 su egolatría reclamaba para sí el título de líder del Movimiento de Países No Alineados.
 
Su aspiración exigía "vender" al extranjero una imagen humanitaria. Comenzó a gestar la idea de un indulto masivo a prisioneros políticos. Por otra parte, se presentaron las condiciones idóneas para sus planes. Al tomar posesión de su cargo en enero de 1977, el presidente Jimmy Carter inició una política pacifista con la Unión Soviética y, por supuesto, con Cuba. Hubo conversaciones y convenios.
 
Castro encontró la excusa para la amnistía. Haría un llamado al "diálogo con la comunidad cubana en el exterior" y como resultado de éste decretaría el indulto. Setenta y cinco exiliados participaron en el evento.
 
"El diálogo fue una burla a la dignidad de los presos. Ellos (los dialoguistas) no tenían derecho a hablar de nosotros con Fidel Castro", dice Rodríguez.
 
Ella fue una de las que iniciaron una huelga de hambre, y una de los 165 "plantados" que firmaron una carta protestando contra el diálogo. La carta dio la vuelta al mundo y provocó gestiones internacionales a las que Rodríguez atribuye en gran parte su indulto.
 
El 14 de noviembre de 1979, Rodríguez, Miriam Ortega y Ester Campos salieron de prisión por el octavo y último indulto decretado por Castro. Habían pasado casi 19 años desde el día en que un oficial de la Seguridad del Estado había prometido a la madre de Ana Rodríguez que su hija estaría de vuelta "en unos minutos".
 
La ex prisionera de Castro es de quienes van al grano sin vacilaciones. Cuando llegó a Estados Unidos a principios de 1980 traía dos metas: escribir cuanto antes sus memorias para no olvidar detalles, y terminar su carrera. Cuatro meses después tenía listo el primer manuscrito de su obra. Y se iba a República Dominicana a terminar sus estudios médicos.
 
En ambos caminos encontró escollos frecuentes en una sociedad libre. Quienes podían ayudarla a publicar su libro en español, no lo hicieron, perdiéndose ellos la satisfacción de ofrecer al mundo de habla española el primero y quizás único testimonio sobre la agonía, el valor y la audacia de las mujeres en el presidio político de Cuba, escrito por una de ellas. Y gente que soñaba, que quizás sueña aún, con la "paradisíaca vida" bajo el régimen de Castro, le jugaron sucio en su camino hacia el doctorado en medicina.
 
"Tú cometiste el error de luchar contra el hombre más grande de América", le dijeron alguna vez. Su expediente "se perdió" en Santo Domingo y a la recién graduada le costó seis años reunir las evidencias de las notas obtenidas en los exámenes.
 
Pero Rodríguez es también de aquéllos que, tras cada caída, se levantan confiando siempre en el éxito de un nuevo intento. Revalidó su título en Estados y se puso en contacto con Glen Garvin, editor de The Miami Herald, corresponsal del Washington Times durante la guerra de Nicaragua y autor del libro Everybody Had His Own Gringo, que trata el tema de los "contras" nicaragüenses.
 
Todos los días durante 18 meses, Rodríguez y Garvin trabajaron arduamente perfilando cada uno de los 16 capítulos de la obra. Como resultado, los autores entregaron a la editorial St Martin's Press un material que se convertiría en 321 páginas de inapreciable valor histórico, informativo y analítico.
 
Sobre el conglomerado de virtudes que pueden encontrarse a lo largo y ancho de esta obra, que debería estar en las mesas de trabajo de todos los organismos que se dedican a juzgar el cumplimiento de los derechos humanos en el mundo, destacan tres:
 
a) Exposición clara y directa, al margen de parcialidades emocionales, en donde se adivina el cincel de periodista de Garvin. El paisaje cubano a menudo intransitable por la pasión, queda libre de malezas.
 
b) Redacción impecable que mantiene el interés del lector de principio al fin, aún el del lector familiarizado con el tema.
 
c) Honestidad intelectual. Aunque la violación de los derechos de las presas como seres humanos es evidente, Rodríguez no se presenta a ella misma ni a sus compañeras como débiles mujeres abusadas, sino que también ofrece al lector la otra cara de la moneda: estas mujeres hicieron a sus carceleros y al régimen una guerra sin cuartel que se prolongó, al menos para Rodríguez, durante 19 años.
 
Ana Rodríguez, Ana Lázara para los ex presos políticos, soportó castigos brutales sin derramar una lágrima (¡primero muerta que mostrar debilidad!) pero también golpeó con fuerza los testículos a más de un militar castrista.
 
La osadía y el idealismo han corrido parejos en la vida de Rodríguez desde muy temprano. Quizás comenzaron a impregnarse en su personalidad allá en su nativo Bejucal, cuando ella tenía seis años y su abuelo le contaba como a los 12 él se había unido a las huestes del General Antonio Maceo en la Guerra de Independencia, permaneciendo en la lucha hasta que Cuba fue libre.
 
Cuando Fulgencio Batista finalizó la democracia en Cuba con un golpe de estado en 1952, Rodríguez tenía 14 años y estudiaba en el Instituto de Segunda Enseñanza de la Víbora. Entonces comenzó su lucha contra la dictadura trabajando en la clandestinidad con grupos estudiantiles.
 
Bastaron pocas semanas después del 1ro. de enero de 1959 para que Rodríguez viera la mano del comunismo detrás del nuevo gobierno. Una vez más se incorporó a la lucha clandestina urbana, compartiéndola con sus estudios universitarios.
 
Su arresto y consiguiente condena la condujeron por los tenebrosos senderos de varias cárceles cubanas: La Cabaña, Guanajay, Baracoa en la lejana provincia oriental, Guanabacoa, granja América Libre, prisión Nuevo Amanecer.
 
En ellas padeció las pateaduras de los guardias a rostros y cuerpos de las presas, vio los potentes chorros de agua lanzados por mangueras contra incendios hacia el vientre de una de las mujeres que habían entrado a la cárcel en estado de gestación.
 
A Lydia Pérez León se le presentaron incontenibles hemorragias unos 30 días antes de la fecha en que debía dar a luz. Las autoridades carcelarias se negaron a darle plasma o transfusiones porque "la sangre de los hospitales en Cuba es para los combatientes de la Revolución, no para gastarla en gusanas". Lydia y su bebé aún en su vientre, murieron.
 
Rodríguez conoció las camas de piedra de la cárcel de Guanabacoa, y las requisas que destruían desde la pequeña golosina traída por un familiar hasta la más insignificante propiedad personal.
 
Fue muchas veces castigada en las celdas tapiadas. El piso desnudo. Ni cama ni silla, sólo las paredes y un agujero en el piso como servicio sanitario. Una puerta de hierro con una pequeña abertura arriba por donde le lanzaban la escasa ración de comida, a menudo cubierta de gusanos. Oscuridad total, sin posibilidad de saber si era noche o día. Ratones, cucarachas y hordas de mosquitos. Los días se convertían en semanas y las semanas formaban un mes, o más.
 
Participó siete veces en la más común de las protestas carcelarias: la huelga de hambre, que se prolongaba a veces 4 ó 5 semanas. En ocasiones, sin haber accedido a la petición de las presas, los guardias trataban de forzarlas a abandonar la huelga privándolas también del agua.
 
"La sed produce delirios. Sabes que estás sufriendo un delirio. Sabes que esa jarra de agua helada que ves en el aire, provista de alas, sí, como te lo digo, de alas, no existe. Te haces el propósito de no extender las manos para alcanzarla. Pero lo haces. Es como un reflejo", recuerda Rodríguez.
 
Los carceleros tenían otros "métodos de convencimiento". Ya habían propuesto a las presas salir al campo a realizar tareas agrícolas. Ellas se negaron.
 
Una noche, oyeron acercarse una "jaula" (vehículo para transportar prisioneros) con las luces apagadas a la galera situada al lado, en donde alojaban a presas comunes de la peor especie. Entre ellas varias lesbianas lidereadas por una peligrosa criminal a la que llamaban Safo.
 
Poco después oyeron gritos desesperados pidiendo ayuda. Estaban violando a la nueva reclusa. Cuando Rodríguez llamó a la guardiana para que interviniera, ésta volvió la espalda y se fue mientras comentaba: "¡Ana, que sentimental eres!"
 
Al día siguiente supieron que la nueva era una huérfana de 13 años de la Casa de Beneficencia, a quien estaban castigando por protestar por una lectura anticatólica. La habían colocado en la misma celda con Safo y otras dos mujeres. A la noche siguiente trajeron a otra adolescente.
 
Pero las presas políticas no eran por cierto mansas palomas. Sus protestas podían ir desde "el toque de lata" que consistía en hacer sonar objetos metálicos contra las barras de hierro de las celdas, día y noche ininterrumpidamente durante semanas, hasta verdaderas batallas campales en las que los guardias usaban cables de acero, barras de hierro, palos y rifles, y ellas ladrillos, sal que echaban a los ojos enemigos, puños, dientes y piernas. Al final había huesos rotos, heridas sangrantes... y castigos "ejemplares" para ellas.
 
Rodríguez está convencida de que el mecanismo que le permitió sobrevivir en la cárcel política de Cuba fue estar dispuesta a morir.
 
"Si te vendan los ojos y te dicen que si no hablas, o si te niegas a lo que te piden, el pelotón de soldados frente a tí hará fuego, tienes que pasar por sobre el instinto de conservación. Puede que disparen y puede que no. Pero si te pliegas, ya saben como continuar doblegándote. Lo más brutal del comunismo es luchar por la dignidad humana", afirma.
 
A Diary of a Survivor no le faltan vestigios de humor que en ocasiones reflejan la ineptitud de los que en aquella época componían el sistema. Como la descripción de la espectacular fuga de la cárcel realizada por Rodríguez y dos de sus compañeras, frente a las narices de un guardia. Con la complicidad tácita del "babalao" que dirigía un rito, las fugitivas actuaron como si fueran "espíritus escapados" de un "toque de santos" que se celebraba en una casa situada casi al lado de la prisión. El guardia estaba aterrorizado.
 
O la explicación que más tarde dio Rodríguez acerca de esta escapada, a un agente encubierto de la Seguridad del Estado. "Soy una agente de la CIA y fui capturada aquí. Ahora me van a rescatar en un submarino. Ellos (la CIA) tienen delfines entrenados que los pueden guiar a través de los defensas antisubmarinos, hasta la Bahía de La Habana".
 
El hombre le creyó. Y aparentemente, el alto mando comunista también, a juzgar por el despliegue de fuerzas que utilizaron para capturarla.
 
Pero dos meses en las calles de La Habana habían sido una decepción para Rodríguez. Confiando en la caridad de la Iglesia Católica, ella y sus compañeras llegaron hambrientas, sedientas y extenuadas tras dos noches sin dormir, a la Arquidiócesis de La Habana. Explicaron su situación al arzobispo Mons. Fernando Azcárate, y pidieron su ayuda.
 
“¡Váyanse de aquí inmediatamente!", cuenta que exclamó Azcárate. "Ustedes están fuera de la ley, son fugitivas de la justicia. ¡Largo de aquí antes de que yo cumpla mi deber de ciudadano y las entregue!”
 
Más tarde, en la Iglesia de Reina, el Padre Millares les había explicado que, debido a su voto de obediencia, los sacerdotes se limitaban a cumplir órdenes superiores. Y éstas decían que la máxima prioridad era preservar la Iglesia.
 
"Y no podemos hacerlo si estamos en guerra con el gobierno".
 
En las calles, Rodríguez había encontrado que miles de cubanos se habían ido a Estados Unidos y otros muchos miles sólo buscaban la oportunidad de hacer lo mismo. Seis años y medio después de haber entrado ella en prisión, la innata rebeldía cubana había sido quebrada.
 
Hoy, tras años de exilio, al preguntársele a Rodríguez si volvería a luchar, responde afirmativamente.
 
"Todos los pueblos están compuestos por una masa indiferente y una minoría combatiente. En Cuba sucede lo mismo. El porcentaje que lucharía en Cuba pudiera ser pequeño, pero aún si fuera un 1 por ciento, yo estaría dispuesta a unirme a él. Ese porcentaje es el que cambia la historia".
 


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Un día como hoy, enero 05, en nuestra lucha contra el castrocomunismo.

Un día como hoy, enero 05, en nuestra lucha contra el castrocomunismo.
 
Dedicado a aquellos que dicen que en Cuba no se combatió el comunismo. 
 
PROHIBIDO OLVIDAR.
 
1959
 
Raúl Castro, jefe militar de la provincia de Oriente protesta por la acusación de que la Revolución había iniciado un "baño de sangre" con los fusilamientos masivos y al unísono prometió más ejecuciones. 
 
*****
 
El ex miembro de las fuerzas armandas de Cuba, Marcelo R. Agüero, quien no había sido arrestado al triunfar la revolución es asesinado en Santiago de Cuba mientras caminaba por una de sus calles. 
 
1961
 
Un Tribunal castrista de Ia Fortaleza de la Cabaña, en la causa 614 de 1960, sancionaron a 10 años de prisión, por un delito contra los poderes del estado, a Evelio Hernández Hernández, Lorenzo Lan Contreras, Jose Ramón Ramos Hernández y René Aguinaga González. 
 
1962
 
La guerrilla comandada por Generoso Bringas, segundo al mando del “Piche” Catalá logra romper un cerco de varios miles de soldados castristas cerca del poblado Carlos Rojas, provincia de Matanzas. Tres jóvenes que estaban escondidos en la zona para unirse a la guerrilla fueron capturados y fusilados de inmediato.
 
*****
 
El jefe guerrillero Carlos González Garnica muere al caer por un barranco en las montañas del Escambray durante un enfrentamiento con las milicias castristas. 
 
1963
 
Camilo Tardío Hernández alzado contra el régimen castrista en el Escambray, provincia de Las Villas es fusilado en el Condado, Trinidad. 
 
Sus hermanos, Benjamín, Blas, Guadalupe y José Santiago también murieron enfrentados al castrismo. 
 
*****
 
José Luis Bello es fusilado en la fortaleza de La Cabaña,
 
1989
 
El opositor Félix Mesa Rodríguez es asesinado a balazos por un policía en el parque central de Santiago de las Vegas, provincia de La Habana.
 
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Ruidos y silencios de la Galera 13
 
 Por Ramón Grau Alsina
 
La Galera 13 de la antigua fortaleza colonial española de La Cabaña, que domina la entrada de la Bahía de La Habana, recuerda a las galeras de remos de siglos anteriores, que surcaban los mares navegando con el sudor de los presos encadenados a sus remos. Una puerta de barrotes de hierro con cerradura, un pasadizo en forma de túnel, celdas abiertas donde los remeros se tienen que sentar y de cara al patio, barrotes de hierro.
 
En la década de 1960, en la Galera 13 coincidieron 385 hombres a mi lado esperando juicio y ejecución por el pelotón de fusilamiento. Una mezcla de ruidos y silencios dominaba la vida en aquel interior. Las bayonetas apretujaban a los desnudos presos unos contra otros en el patio durante horas bajo un sol de condenación. Más tarde el sonido de las botas de los guardas sobre la piedra, el chasquido de las cerraduras abriéndose, las bayonetas empujando a un grupo de reclusos fuera de la Galera 13 para el juicio. De nuevo el chasquido de la cerradura detrás de los que salían. ¿Quiénes volverían vivos?
 
El Foso de los Laureles
 
Temprano por la tarde, de nuevo ruido de botas militares y chasquido de cerraduras de hierro. Las bayonetas empujando a algunos de los presos de nuevo a la Galera 13. A las 9 p.m. el trueno de un cañón de la fortaleza señalaba a La Habana la hora correcta. Los presos que no habían vuelto encaraban al pelotón de fusilamiento amarrados, en turnos de uno en uno, a «el palo», una estaca de madera enfrente del paredón del Foso de los Laureles, gritando «Viva Cristo Rey». La detonación de los rifles arrojaba plomo que desgarraba tejido humano antes de chocar contra la pared colonial. Afuera, la chusma compuesta por hijos y esposas de los guardas animaba para ganarse una promoción. Desde la Galera 13 los presos respondían insultando a los guardas. Un silencio aterrador y la detonación del tiro de gracia. Uno por uno todos los presos eran ejecutados. Más silencio, el sonido del tubo de escape de un camión, el claveteo de los ataúdes, ruedas de camión alejándose, silencio, el viento soplando entre los laureles y los corazones palpitando fuerte.
 
Enterramiento en sacos
 
Un día, no se escuchó el martilleo de los clavos. La Galera 13 gritó. ¿Han tirado los cuerpos al mar? No mucho más tarde los guardas informaron que se había acabado la madera para hacer ataúdes y que el enterramiento se realizó en sacos de nylon. Otro día, todos los 15 que fueron a juicio volvieron a la Galera 13. Gran celebración, alegría, habían sobrevivido. Antes de las 9 p.m. los guardas volvieron y se llevaron a los «afortunados» 15, los amarraron de uno en uno al «palo» y les dispararon. Ruidos, el aire soplando, corazones palpitando. Si los árboles pudieran hablar…
 
El delito comúnmente imputado a los presos de la Galera 13 era «desacuerdo con el régimen». Lo que desean todos ellos hoy es un último ruido: el chasquido final de las puertas de la prisión abriéndose. Entonces sí habrá una verdadera paz y silencio.
 
FIN
 


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