martes, 31 de marzo de 2015

Arranca sin grandes expectativas el diálogo sobre derechos humanos entre Washington y La Habana


Anayansi Rodriguez Camejo, vocera del régimen ante Naciones Unidas en Ginebra, ofrece declaraciones a la prensa en la Misión cubana en Washington. (CUBADEBATE)
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Se espera que en este primer encuentro se analice 'la estructura de las futuras conversaciones'.
La Habana y Washington comenzaron este martes en la capital estadounidense el diálogo sobre derechos humanos, un foco de controversia entre ambos países, enfocados en construir una hoja de ruta y avanzar en las negociaciones para restablecer las relaciones diplomáticas, informa Reuters.
Si bien no se esperan grandes anuncios tras la reunión, este es el primer diálogo formal sobre derechos humanos entre los dos países desde que el presidente de Estados Unidos, Barack Obama, y el dictador cubano Raúl Castro anunciaron en diciembre el inicio de un proceso para restaurar los vínculos diplomáticos tras más de medio siglo de hostilidades.
"En la mañana de este martes 31 de marzo, comenzó el diálogo en temas de derechos humanos entre Cuba y Estados Unidos, en la sede del Departamento de Estado, en Washington D.C.", dijo el Ministerio de Relaciones Exteriores de Cuba en su sitio web.
La delegación cubana está encabezada por Pedro Luis Pedroso, subdirector general de Asuntos Multilaterales y Derecho Internacional del Ministerio de Relaciones Exteriores; mientras que Tom Malinowski, subsecretario adjunto para la Democracia, los Derechos Humanos y Trabajo del Departamento de Estado, lidera la representación estadounidense.
"Esta reunión preliminar refleja nuestro continuo enfoque en los derechos humanos y los principios democráticos en Cuba", dijo un funcionario del Departamento de Estado que habló bajo condición de anonimato.
"Los derechos humanos son una prioridad", agregó.
Estados Unidos ha presionado a Cuba para mejorar las condiciones de los derechos humanos en la Isla y expresado su preocupación, en particular, sobre el encarcelamiento de los disidentes, activistas políticos y el trato a los presos políticos.
"Cuba espera que el diálogo se desarrolle en un entorno profesional y de respeto, sobre bases recíprocas, sin condicionamientos ni trato discriminatorio y en pleno respeto a la igualdad soberana, la independencia y la no injerencia en los asuntos internos de las partes", señaló la cancillería de la Isla en un breve comunicado.
La Habana, por su parte, ha dicho a Washington que no tolerará intromisión en sus asuntos internos y que deje de apoyar a los disidentes, a los cuales el Gobierno comunista describe como mercenarios pagados por potencias extranjeras.
Además, criticó a Washington por las desigualdades raciales, y la muerte de hombres negros desarmados en Ferguson, Misuri, y Nueva York a manos de la policía como puntos claves en cuestiones de derechos humanos en Estados Unidos.
El demócrata Obama necesita del Congreso controlado por los republicanos para normalizar completamente las relaciones con el régimen, pero los republicanos, como el senador por Florida Marco Rubio, se han opuesto a una aproximación hacia La Habana.
Rubio argumenta que la Isla sigue siendo un Estado unipartidista que reprime a los disidentes y controla los medios de comunicación.
Geoff Thale, director de programa del grupo de derechos humanos WOLA, dijo que La Habana frecuentemente ha tomado medidas en respuesta a fuerzas externas, en alusión a las peticiones del Vaticano para liberar a los presos políticos.
"En la primera reunión se pretende analizar la estructura de las futuras conversaciones y el diálogo tendrá que superar un legado de desconfianza, así como las enormes diferencias conceptuales entre los dos países sobre el tema de derechos humanos", dijo Thale.
Las diferencias de enfoque en el tema de los derechos humanos han sido claves en el enfrentamiento de los antiguos rivales de la Guerra Fría.

Damas de Blanco se reorganizan en Miami


Con la presencia de Alejandrina García de la Riva, el pasado Domingo de Ramos, asistieron a la Ermita de la Caridad en esta ciudad. A su vez, convocaron a elecciones

Damas de Blanco en el Exilio, en misa en la Ermita de la Caridad, Miami (foto del autor)
Damas de Blanco en el Exilio, en misa en la Ermita de la Caridad, Miami (foto del autor)
MIAMI, Estados Unidos. -Miembros del grupo de Damas de Blanco en el Exilio asistieron a misa el pasado Domingo de Ramos en la Ermita de la Caridad, en Miami.
Junto a ellas acudió la Dama de Blanco Alejandrina García de la Riva, quien llegó de Cuba el pasado jueves 26 de marzo junto a su esposo Diosdado González Marrero, ambos como refugiados políticos.
También estuvieron presentes ex prisioneros de conciencia, pertenecientes al Grupo de los 75, familiares de las Damas y simpatizantes de esta organización.
Al finalizar la misa, las Damas de Blanco se reunieron en casa de Josefa López, integrante de este movimiento, para comenzar su reorganización. Seleccionaron a cuatro candidatas para el cargo de Portavoz. Ellas son: Aniley Puente Varela, Matilde Jerez Guevara, Clara Lourdes Prieto Llorente y Josefa López Peña.
La elección de la Dama que ocupará este cargo por un período no mayor de dos años se realizará el sábado 11 de abril de 2015, desde las 10 de la mañana hasta la 5 de la tarde, en el local ubicado en el 1436 W Flagler Street, en Miami.
Posteriormente y de manera colectiva se confeccionará un Código de Ética. La Sede Nacional de las Damas de Blanco en el Exilio radicará en la vivienda de Josefa López Peña, ubicada en el 5735 SW 4 Street, en Miami FL.

ACERCA DEL AUTOR

Ana Aguililla Saladrigas
Ana Aguililla Saladrigas
Ana Aguililla Saladrigas. La Habana, 1957. Licenciada en Educación, especialidad de inglés. Fundadora del Comité Madres por la Libertad de los presos políticos Leonor Pérez. Bibliotecaria y periodista independiente. Directora de la revista digital Cambio Debate.

La mentirosa prensa cubana


Monótona, gris, vigilada, censurada, panfletaria, triunfalista, más de medio siglo vocera de éxitos fantasmas

viejo Granma
(Foto archivo de Cubanet)
LA HABANA, Cuba. — (Cuba Sindical) La prensa cubana “revolucionaria”, calificada como panfletaria,  monótona, manipuladora, con un diseño gris, mala calidad en  el papel, sin diversidad estilística y conceptual, nació de los restos mortales de un periodismo libre que fuera censurado y más tarde prohibido desde los inicios de la revolución.
Siempre bajo control estatal, su papel de vocera  de la política y la ideología gubernamental, la obliga a la falta de objetividad,  y a la omisión o disfraz de lo que acontece realmente en el país. Ante su patético rol, varios  cubanos hablaron  sobre  la censura, las bolas y el secretismo en la prensa nacional.
La coletilla
“Todavía  tenemos la suerte  de que por limpiarnos  el trasero con la imagen de Marx,  Mao, Stalin,  o el rostro victorioso de un líder del país en una primera plana,  no seamos condenados a la cárcel,  como lo hacían en Pyongyang los seguidores de Kim Il Sung, dijo con ironía, Ernesto Peñalver.
Ex trabajador gráfico del periódico Avance, primer medio de prensa clausurado por la revolución (19-1-1960), Peñalver, con 75 años de edad, revende periódicos para vivir. “Gajes del oficio, señor. No puedo dejar el giro. Aunque ahora lo hago de forma clandestina y por la puerta de atrás”, señaló.
Según el septuagenario linotipista, desde la imposición por parte de las autoridades cubanas de “La coletilla” (27-12-59),  especie de opinión de los trabajadores gráficos que  refutaban,  debajo de cada artículo, los supuestos ataques contra la revolución, el fin de la libertad de prensa se veía venir.
“Nosotros no escribíamos nada. Lo dictaban e imponían los viejos agitadores comunistas. Después de Avance, fueron confiscados y nacionalizados El PaísEl Mundo, y las estaciones de radio y televisión CMQ quedaron agrupadas el 31 de Marzo de 1960  en el Frente Independiente de Emisoras Libres (Fiel)
El malhadado Fiel  fue el principio del fin. Luego caería el Diario de la Marina, y las revistas BohemiaCarteles y Vanidades, todas con calidad, sin restricciones ideológicas y diversa información, agregó Peñalver. “En ese año no quedó mono con cabeza en la prensa que se opusiera a Fidel. Se acabó”.
Vendedor de periódicos y revistas en la calle Monte
Vendedor de periódicos y revistas en la calle Monte (Foto Víctor Domínguez)
Tras levantarse entre las cinco y las seis de la mañana, Peñalver dice, tomarse un traguito de café (si hay), una taza de cerelac, si aún queda, y asearse con agua almacenada y jabón sin ningún tipo de olor.  Luego se reúne con decenas de ancianos que hacen colas para comprar y revender la prensa nacional de hoy.
El secretismo gubernamental
“En Cuba tenemos buenos periodistas, señaló una joven que dijo llamarse Isel. Lo único es que están atados de pies y manos, y más que todo, castrados de la opinión. Quien se salga de la línea oficial jamás escribirá una línea en Cuba. Al menos, en la prensa nacional. Y sobran ejemplos para ilustrar este tema”.
Según la joven, el papel de héroe y de villano del corresponsal del diario Granma en Santiago de Cuba –José Antonio Torres –, primero elogiado por Raúl Castro en el propio periódico, y luego acusado como espía y condenado a 14 años de prisión, es más que suficiente para desestimular cualquier tipo de objetividad que cuestione los intereses del partido comunista y la revolución.
Un trabajador de Acueductos y Alcantarillados que rompe la calle Escobar desde San Rafael a Malecón, preguntado si le gustaba la prensa cubana, expresó: “Leo entre líneas. La verdad es lo contrario de lo que se dice aquí. Pero, acere, ¿en qué me llevo un pan o lo que caiga pa´ los chamas en el gao?
Asimismo, una señora que compraba el suplemento Cartelera, con información de los eventos artísticos del mes, señaló: “Esto es de lo poco en que se puede creer. Aunque a veces llegas a una exposición o un teatro y es completamente distinta la programación. Pero al menos se puede leer”.
Más adelante, ante una pregunta sobre la objetividad de la prensa nacional, agregó: ¿Puede ser creíble una prensa plana, televisiva o  radial que habla de sobrecumplimientos, avances, logros, cuando la realidad es inversamente proporcional a la información que dan, como sucede cada día en este país?
Además, añadió, son ocultos, o casi nulos, los datos sobre los índices de violencia en el país, el nivel de la droga y la prostitución, el alcoholismo, los robos,  algunas enfermedades, la corrupción estatal, y otras informaciones   que pudieran servir de alerta para el comportamiento de la población”.
Cola de ancianos para comprar y revender periódicos en
Cola de ancianos para comprar y revender periódicos (Foto Víctor Domínguez)
Otra señora, que venía de una batalla campal para comprar unas papas en un agro mercado de Belascoaín, indicó: “Ni siquiera se ruborizan cuando hablan del despliegue victorioso de la cosecha de papas, a sabiendas de que la gente, y ellos mismos, tienen que fajarse y no alcanzan, o comprarla por fuera, a los revendedores, a dos dólares el kilo. Son unos mentirosos de marca mayor”.
De acuerdo con muchos de los que hablaron sobre el tema, lo más leído en la prensa nacional son las secciones de quejas y sugerencias Acuse de Recibo, de diario Juventud Rebelde, y Cartas a la dirección, de Granma, por ser una especie de muro de las lamentaciones, donde el pueblo se queja aunque nada resuelva.
En estas secciones -un típico reservorio de calamidades- se leen quejas sobre maltratos, microvertederos, derrumbes, tupiciones, retención de salarios, desalojos, sanciones injustas, expulsión ilegal, falta de medicamentos, peloteo, negligencias, descontrol, corrupción, y engaños, entre otros miles de actos que aquejan a la ciudadanía del país,  y son endémicos dentro de la revolución.
Más allá de publicar estos conatos de quejas, apenas sin solucionar aunque las entidades respectivas deban responder los reclamos de la población, los periodistas cubanos se dedican a elogiar los fantasmales éxitos de la revolución, y a señalar la paja en el ojo ajeno de otras naciones a nivel internacional, que si no son del Alba, la Celac o el Caricom, mucho mejor.
De ahí que la prensa en Cuba, según criterio popular,  sólo sirva para envolver desperdicios, taponar agujeros, rellenar colchones y, sobre todo, como papel higiénico en hospitales, centros recreativos, laborales, deportivos, escuelas, estaciones de ómnibus y el hogar. Y puede que alguien la lea una que otra vez.

ACERCA DEL AUTOR

Víctor Manuel Domínguez
Víctor Manuel Domínguez
Periodista independiente. Reside en Centro Habana. vicmadominguez55@gmail.com

El cisma del PCC


Un Partido único genera un modelo de sociedad monocromática, sin vida, en la que todos están unidos por una sola idea y el alcance ilusorio de un objetivo común. Su objetivo supremo ─esencialmente inmovilista─ no ha sido otro que congelar la historia 

VI-Congreso-PCCMIAMI, Florida. — ¿Cuál es realmente el nódulo del problema cubano? El modelo político unipartidista. ¿A qué se le teme?  A la creciente situación de ingobernabilidad detectada y reconocida ya por el propio Fidel Castro. El resto ─incluyendo el embargo, la disidencia, el Imperio, el precio del petróleo, la soberanía y el propio Barack Obama─ es, simplemente, secundario. Para el gobierno cubano lo único sagrado son las calles. Y el gran reto: mantener al rebaño en el redil.
Un NO al unipartidismo
Los cambios políticos son la clave de los cambios económicos. De donde se sigue que tenemos que enfocarnos en el unipartidismo ─y no en la economía─ si queremos realmente obtener algo por la vía de la democracia. Es el Partido y, más precisamente, su disolución en tanto Partido único ─y no por pura espontaneidad, sino por la presión democratizadora de la gente de a pie y de los propios militantes de fila─ lo que desencadenará el proceso de transición.
Desafortunadamente, ningún cambio en Cuba es concebible sin contar con el gobierno, dado que en la Isla ni siquiera hay oposición política estructurada y tanto la sociedad civil como la institucionalidad  están secuestradas por el Partido. El problema peor es que es el propio Partido el que gobierna. Por lo tanto, ningún cambio estructural será posible sin la autonomía del gobierno. De modo semejante, ningún cambio será legítimo sin la participación popular.
La disolución del PCC es la precondición del pluralismo político y de las elecciones libres. Aquí no cabe la inversa. El Partido no puede darle a la sociedad cubana lo que él mismo no posee, a saber: apertura, transparencia y democracia. En ello y solo en ello reside la explicación de la situación inmovilista. Se encuentra trabado el Partido por problemas en sus fundamentos, nada podemos esperar de una situación semejante en términos de transición a la democracia.
El Partido comunista de Cuba sabe muy bien que es vulnerable en la base y que no hay espacio alguno para que los militantes de fila expresen lo que realmente piensan y sienten, mucho menos para que puedan disidir. La doble moral ─toda una institución en la Isla─ es el estilo de vida de la militancia. Los mismos que velan por el cumplimiento de los lineamientos de cada Congreso son los que pasan hambre y soportan carencias; los que venden  y compran en el mercado negro; los que no entienden por qué sus dirigentes están predestinados al buen vivir, al lujo y la abundancia. Condiciones objetivas sobran para remover al Partido único desde su base.
En el VII Congreso del Partido los militantes no deben proponerse la megalomaniaca y manipuladora meta de salvar al país (económica e ideológicamente, siguiendo una fabricada tradición que los ha llevado sistemáticamente al fracaso) sino salvarse a sí mismos como Partido, capaz de sobrevivir en condiciones de democracia política. Aquí se podría parafrasear a Juan Pablo II: que el Partido se abra al mundo y que el mundo se abra al Partido. Y para no incurrir en el error a que indujeron aquellas santas palabras sobre la apertura mutua de Cuba y el mundo, acoto de inmediato que primero el Partido debe abrirse al mundo, desterrando ―entre otras muchas cosas― su lenguaje de barricada, la siempre útil imagen del enemigo, las prácticas discriminatorias, el acusado antinorteamericanismo que ha actualizado bajo la nueva figura de antiplattismo, así como la errónea y ridícula creencia de ser un ente superior, encargado de planificarle la vida a la sociedad y de conducirla triunfalmente hacia un luminoso futuro.
Que esta solución de democratización del Partido Comunista de Cuba es la única que satisface todos los posicionamientos en torno al embargo y la normalización ─incluyendo las posiciones del propio gobierno cubano, dado que el pedido no pretende su derrocamiento, no es injerencista y hace del propio Partido comunista el protagonista de la transición─ es algo innegable. Sin embargo ¿es posible? Lo mejor que tiene la perspectiva de la democratización, previa al levantamiento del embargo, del PCC es que es posible. Ya los ideólogos del raulismo han estado explorando el terreno, solo habría que invertir un orden que resulta a todos luces retorcido y engañoso.
Arturo López-Levy defiende explícitamente la idea de negociar el embargo por el fin del unipartidismo y la colectivización, lo que habla en favor del pluripartidismo y la economía de mercado. Esto suena muy bien, pero hay una trampa en todo ello: el orden de la secuencia. La fina línea que separa a los que quieren el empoderamiento político (acceso al poder, incluido) y económico del pueblo y a los que persisten en conservarlo solo para la dinastía castrista, sus descendientes y allegados está determinada por una sutil inversión de la secuencia de los acontecimientos. Para el profesor López-Levy el levantamiento del embargo debe preceder al desmantelamiento del sistema político unipartidista y del sistema económico colectivista. La pregunta es: ¿Y si no se lleva a cabo tal desmantelamiento ―dada la gradualidad del  proceso que se pone como condición― una vez levantado el embargo? Hay que ser demasiado ingenuo, como lo está siendo Obama, para entregarlo todo a cambio de nada; para extender una y otra vez cheques en blanco a un gobierno-Partido con voluntad de conservación, pero sin voluntad de cambio.
Si ese trueque es el que se avizora a mediano plazo desde la perspectiva raulista (trueque que además esconde la posibilidad del bipartidismo de la oposición leal como moneda de cambio) debemos dejar claro que quien está del lado de la democracia y no de la dinastía nepotista defiende la idea que la democratización del PCC ─en términos de desmantelamiento y disolución─ debe ser la condittio sine qua non del levantamiento del embargo. Así, pues, todos estamos por lo mismo, solo habría que mantener una secuencia que deliberadamente se intenta revertir.
Atendiendo a la nueva dinámica resultante a partir del 17/12 muchos enfoques y cuestiones relacionadas con los asuntos cubanos han quedado obsoletas. Arturo López-Levy no deja de tener razón cuando dice que “ya la pregunta no es si el embargo será levantado, sino cuándo y cómo”. En consonancia con ello comienzan a dibujarse dos grandes líneas de pensamiento que fertilizarán la cuestión cubana en lo adelante:
  1. La que defiende la gradualidad de un proceso de apertura que según considera debe ser ejecutado por el gobierno norteamericano, pero capitaneado por el Partido único y blindado, dicho proceso, mediante una ideología nacionalista con claros matices antinorteamericanos.
  2. La que rechaza de plano la gradualidad de la negociación en las condiciones actuales, pero que como la otra no se propone derrocar al gobierno (tan solo por puro realismo político y no por que la dictadura no lo merezca) y acepta que los comunistas sean responsables y actores de la transición a la democracia, siempre y cuando comiencen por democratizarse a sí mismos antes de emprender cualquier proceso que pueda abrir a la sociedad cubana en materia de economía y derechos civiles. La garantía de la democracia en Cuba a corto plazo es la disolución del PCC.
¿De qué puede valer una reforma a la ley electoral en condiciones políticas de Partido único? Esto es como esperar peras de un olmo. ¿Qué puede hacer realmente un candidato independiente ―no importa si con o sin programa de gobierno que proponer― una vez que entra en la maquinaria electoral unipartidista y en las estructuras gubernamentales totalitarias, controladas todas a través de la Seguridad del Estado? La respuesta es simple: lavarle la cara al régimen, concederle una legitimidad democrática que, aunque aparente e inauténtica, será más que suficiente para que la dictadura unipartidista continúe con beneplácito cabildeando a sus anchas en la arena internacional.
Un NO al bipartidismo leal
Los rasgos característicos de la primera vía antes mencionada, en lo que concierne al papel gestor que esta le asigna al gobierno norteamericano, quedan expresados en las siguientes palabras de López-Levy: “El objetivo de Washington debe ser abrir la sociedad cubana a una mayor pluralidad, desde lo económico, social y cultural subiendo hacia lo político, no derrocar al gobierno” [i]. En lo que toca ya al papel rector atribuido al gobierno cubano en el proceso de normalización, dice lo siguiente: “El desmantelamiento de la política imperial de cambio de régimen se avizora no de un tirón, sino paso por paso. Esa situación deja al Partido Comunista de Cuba suficiente espacio para aterrizar gradualmente en la nueva situación y con bastante munición nacionalista para movilizarse, interna e internacionalmente, contra las sanciones estadounidenses todavía en vigor y la base naval de Guantánamo”[ii]
Lo que se echa de menos en las propuestas de los voceros de la oposición leal es la participación popular y disidente en los asuntos del Estado y del gobierno. Los leales no escatiman esfuerzos para excluir a la gente de a pie y a la disidencia interna de sus cálculos. Antes bien, intentan ganar tiempo para lograr un reacomodo que permita aceitar el actual sistema de dominación con el ánimo de adaptarlo a eventuales condiciones de pluripartidismo (léase, bipartidismo). Hay que estar alerta ante lo que solo terminaría siendo un relevo generacional dentro de la misma ideología nacionalista revolucionaria.
Pero eso no es todo, hay más “exclusiones democráticas” y hasta rencor ciego con sabor nazi entre los partidarios de esta tendencia servil. Dejo al lector la valoración de las siguientes palabras de Jorge de Armas, líder de la Cuban Americans for Engagement (CAFE), Think Tank que ha desarrollado la iniciativa de la oposición leal:
La nueva ley electoral debería certificar la imposibilidad de ser nominados para aquellos que apoyen o hayan apoyado el embargo/bloqueo (por lo menos en los últimos cinco años); las políticas foráneas de cambio de régimen que se avalan por la Ley Helms-Burton y las secuelas tristes del plattismo. Del mismo modo deben  excluirse los patrocinadores de estrategias anti-normalización además de prohibir todo tipo de financiación gubernamental externa y limitar, incluso, los fondos privados y el espacio para su utilización […] a los plattistas debe acompañarlos siempre un estigma, para que nunca levanten cabeza[iii].
Resulta cuando menos curioso que otros corifeos de la oposición leal hayan estructurado sus propuestas nacionalistas revolucionarias nada menos que sobre la crítica de un supuesto espíritu de confrontación y aniquilación del otro (la elite política de la Isla) que observan en el movimiento opositor cubano. Me refiero al Think Tank de reciente creación reunido alrededor del proyecto Cuba Posible. Causa asombro ver como ─de la mano de Lenier González─ dicho proyecto se desentiende de lo que llama visión bipolar (revolucionarios/contrarrevolucionarios) de la política cubana y, al propio tiempo, la sustituye por la ideología de la confrontación (nacionalistas/plattistas): dentro del nacionalismo revolucionario, todo; contra el nacionalismo revolucionario, ningún derecho. Eso no quita que puedan declarar paladinamente cosas como esta: “Necesitamos construir instituciones que sean capaces de procesar el pluralismo”[iv].
Amén de nadar contra la corriente ─toda vez que la sociedad cubana de hoy es refractaria a la ideología nacionalista y, en cambio, mayoritariamente simpatizante de los Estados Unidos de America─ la versión opositora de los leales se me antoja falsa, excluyente, contradictoria, deshonesta y oportunista. Por otra parte, al margen de las palmarias contradicciones arriba señaladas, no se alcanza a comprender ―para solo citar un ejemplo de incoherencia― como se puede elevar el constructo que llaman plattismo a la condición de crimen de lesa política cuando se es totalmente indiferente y particularmente ciego ante la cadena de abusos, ejecuciones y represiones sistemáticas de un régimen que se asocia con los peores gobiernos del Planeta.
Por muchas justificaciones, piruetas y malabarismos verbales que han ensayado los partidarios de la oposición leal para apaciguar a la crítica, “leales” quiere decir, en ellos, leales al nacionalismo revolucionario marcadamente antinorteamericano. Y eso lo comparten 100% con el régimen castrista.
Para ir concluyendo, podría decirse ─con cierto tono lópez-leviano, pero con opuesta intención─ que la pregunta hoy ya no es si aceptamos o no el restablecimiento de las relaciones Cuba-USA sino cómo lidiar con ello, qué hacer para que la democracia sea la beneficiaria y, por extensión, los ciudadanos cubanos. El gobierno norteamericano ha comprendido que en el proceso de normalización debe velar por los intereses nacionales, pero que no debe poner a los mismos por delante de los intereses del pueblo cubano en materia de libertad y derechos. Toca ahora al gobierno de Cuba comprender que su pueblo va delante y el Partido Comunista detrás. Ya nadie en la Isla cree en el sofisma comunista-totalitario de que el Partido es la vanguardia organizada del pueblo ni de clase obrera alguna; ya no se sostiene la falacia de la identificación del Partido con “lo mejor” de la nación ni se tolera la postración de la muchedumbre ante unos principios vacíos. “Ahora empieza a comprenderse que lo moral no es la pobreza como fin ─y este es Hegel ¡caracterizando la época de la Reforma!─ sino el vivir de su trabajo y el sentirse contento con lo que así se crea y se obtiene”[v]. A juzgar por estas palabras, la Revolución marxista y nacionalista retrotrajo a Cuba al siglo XVI.
No son pocos los que declinan ─con argucias de todo tipo─ la propuesta de engrosar las filas del Partido y hasta los que, una vez dentro, renuncian a su condición de militante. Son muchos los jóvenes que se resisten a ser militantes de la UJC, cantera del PCC. La sociedad cubana ya no cabe en el Partido, ya no cabe en la Revolución. Porque también se ha comprendido en la Isla que el fin es la autonomía y la emancipación del individuo, no de la idea abstracta de Revolución (tras la que se ocultan los intereses de una dinastía); que la libertad solo compete y germina en el terreno de lo individual y que la soberanía nunca se verá amenazada por los valores democráticos del mundo occidental, al cual habría que integrarse, sino por la ideología de Estado que una vez nos sovietizara hasta el tuétano y hoy podría, entre otras igualmente nefastas opciones, rusificarnos.
En suma, un Partido único genera un modelo de sociedad monocromática, sin vida, en la que todos están unidos por una sola idea y el alcance ilusorio de un objetivo común. La naturaleza totalitaria del PCC es refractaria a la pluralidad y lo diverso. Es por eso que debe definirse con cuál espacio social se va a interactuar en el proceso de normalización: si con uno virtualmente emergente y multicolor, que puja en su intangible existencia por emanciparse, desideologizarse y salir del marasmo inducido o con ese otro gris y unidimensional en constreñimiento, compuesto no por ciudadanos libres, sino por leales y súbditos; por instituciones revolucionarias, marchas y movilizaciones constantes bajo la orientación del Partido único, cuyo objetivo supremo ─esencialmente inmovilista─ no ha sido otro que congelar la historia arrojando un velo sobre la inasible realidad que lo deslegitima a cada paso: Un SÍ a la consulta popular.
Miami, 25 de marzo, 2015
[i] Arturo López-Levi: “Después del 17 de diciembre: ¿hacia una relación asimétrica Cuba-EEUU más estable?”, en: Real Instituto Elcano, ARI 8/2015 – 10/2/2015.
[ii] Idem.
[iii] Tres puntos de vista sobre la nueva Ley Electoral, en: Cubanet, 24/03/2015.
[iv] Lenier González: “Desmitificando la sociedad civil cubana”. (Ponencia presentada en el evento de Cuba Posible, realizado los días 27 y 28 de Enero de 2015 en Washington DC.)
[v] G.W.F. Hegel: Lecciones sobre la historia de la filosofía, Fondo de Cultura Económica, México, 1955, t.2.

ACERCA DEL AUTOR

Alexis Jardines Chacón
Alexis Jardines Chacón
Alexis Jardines Chacón. Licenciado en Filosofía por la Universidad Estatal de San Petersburgo (Rusia), con especialización en Historia de la Filosofía. Tiene un M.A. en Filosofía por la misma Universidad, así como un Doctorado en Filosofía por la Universidad de La Habana, institución de la que fue profesor por más de 15 años y en la que alcanzó, como catedrático, la categoría máxima de Profesor Titular Principal. En el año 2011 se exilia en Puerto Rico y trabaja como Profesor Conferenciante en la Universidad de Puerto Rico, recinto de Río Piedras. Actualmente es Académico Distinguido Pérez Bengochea en la Universidad Internacional de la Florida (FIU).