domingo, 3 de julio de 2011

Ciertas preguntas a tuiteros


Escrito por Luis Cino Álvarez


Arroyo Naranjo, La Habana


3 de julio de 2011


(PD) Tranquiliza saber que Yoani Sánchez, Orlando Luis Pardo Lazo y los 20 tuiteros independientes que habían anunciado su participación, hayan desistido de asistir el día primero de julio al primer encuentro de tuiteros cubanos, que se efectuaría en la esquina de 23 y 12.

Olía a provocación, a emboscada. ¿Para qué otro espectáculo represivo que oportunamente el régimen disfrazará de pachanga e indignación revolucionaria, y que si no termina en golpizas, puede llevar a alguien a la cárcel?

¿Vale la pena que el deslumbramiento por las NTI nos lleve a correr riesgos que sólo tienen un valor mediático bastante relativo de nuestras costas hacia fuera? ¿No habrá modos más coherentes de seguir en la conquista de los espacios de libertad que dejan las fisuras en la "legalidad revolucionaria"?


Se sabe cómo iba a terminar aquello. A golpes, con gritos de ¡la calle es de Fidel!, al son de la conga del mitin de repudio. ¿O ya olvidamos lo que pasó hace dos años en el parque de G y 23?

¿Alguien creyó en los insistentes SMS del #Twitthab que decían "nada de política"? ¿Aquí mismo, en Cubita la bella? ¡Dejen el abuso!

Y entonces, cuando los tuiteros que no dan la cara y los que sí las dan, se las vieran, ellos que se pasan la vida echándose con el rayo, ¿qué iban a hacer? ¿Regalarse flores? ¿Darse besitos? ¿Cantar All you need is love, Give peace a chance, Imagine? Pero es que la pizzería Cinecittá no es El Submarino Amarillo. En cambio, la esquina de 23 y 12 es el lugar donde hace 50 años el Máximo Líder proclamó el carácter socialista de su revolución. Lo hizo frente a un mar de fusiles milicianos. Cuando gritó ¡Patria o muerte!, sólo había que cruzar la calle y ya se estaba en el cementerio.

Los seguidores de los Jefes suelen tomar sus orientaciones demasiado al pie de la letra. Si con el lenguaje bélico que gustan usar, últimamente hablan de ciber-guerra, presumo que se refieren exactamente a eso: a la guerra.

No se trata de evitar que los tuiteros del régimen logren copar Twitthab. El encuentro de tuiteros resultó copado por los oficialistas desde el mismo instante en que se le ocurrió a algún ciber-sesudo oficial (¿Tato Fontes-Yoandry, Enrique Ubieta?) y lo convocó el periódico Juventud Rebelde, el órgano de la Juventud Comunista.

¿Qué pasó con el acceso a Internet en Cuba? ¿Qué hay de nuevo? Porque no me enteré cuando los mandamases se decidieron a concedernos el acceso a todos los cubanos.

Si se tiene en cuenta que el envío de un SMS en Cuba cuesta un peso convertible, ¿quién paga las cuentas de los tuiteros y para qué? ¿Lo harán sólo para que la gente pueda enviar mensajes de amor y de amistad? ¿Tan pudientes son los tuiteros, de uno u otro bando?

Porque insisto en que hay dos bandos. Y en eso coincido con los paranoicos mandamases. Los absolutamente apolíticos no existen, ni siquiera en las novelas de Corín Tellado (pruebe a tocar las propiedades de los apuestos galanes y ya verá lo que pasa).

TwittHab, como operación de inteligencia de contra-propaganda, enfilada contra los blogueros y las redes sociales, puede que funcione. El colmo es que personas inteligentes caigan en otra trampa de la Seguridad del Estado.

A otro perro con el hueso del oficialismo por cuenta propia de los blogueros y tuiteros que dicen defender a la revolución porque les da la gana, sin recibir órdenes ni instrucciones y sin que revisen el panfleto en el Departamento Ideológico del Comité Central del PCC.

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