Cuba actualidad, El Vedado, La Habana, (PD) Dice en Génesis 2:7: "Entonces el Señor formó al hombre del polvo de la tierra y sopló en su nariz el aliento de vida, y fue el hombre un ser viviente".
Cuentan que durante una sangrienta batalla, que cuando sus soldados vieron que uno de los jefes que combatía cayó herido, vacilaron un momento, lo que dio una gran ventaja al enemigo. El caudillo, al ver lo que ocurría, se incorporó, y aunque la sangre manaba de sus heridas, gritó. "¡No estoy muerto, hijos míos, estoy vivo, levanten la bandera y alcancen la victoria!" Esas palabras sirvieron de incitación a sus soldados, que hicieron esfuerzos casi sobrehumanos para alcanzar el triunfo.
Dice en Segunda de Corintios 4:8-9: "Afligidos en todo, pero no agobiados; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos".
¿Quién es el enemigo?
El hombre es belicoso por naturaleza, pero si no tiene bien definido al enemigo lo confundirá constantemente con el amigo.
En el mundo espiritual hay solamente dos constantes bien definidas bíblicamente: Dios y Satanás, que son el Bien y la Vida, el primero, y el Mal y la Muerte, que son el segundo.
El desaliento y la aflicción son para la muerte.
Si no podemos estar personalmente en la batalla, no debemos desalentar a los que combaten.
Aunque Dios hace posible que todas las cosas sean para nuestro bien, esto no significa que todo lo que nos pasa es bueno. Lo malo sigue prevaleciendo en nuestro mundo. Sin embargo, Dios es capaz de cambiar todas las circunstancias a nuestro favor.
Tenga presente que Dios está ocupado principalmente en que podamos cumplir sus propósitos "en esta vida para la eternidad". (Romanos 8:28).
Cuando nuestras fuerzas flaquean y nuestros corazones están apesadumbrados, es oportuno recordar que según Mateo 28:20, Jesucristo está con nosotros "todos los días, hasta el fin del mundo".
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