Muy pocos países de América Latina y África se salvaron del envío de tropas cubanas o ejércitos completos. La política de aquellos años no era de paz, sino de lucha armada.
Se calcula que de aquellos cientos de miles de hombres cubanos que marcharon a una guerra, no por sus hogares, por la patria o por la justicia, más de catorce mil murieron de forma absurda, porque ni siquiera lograron instalar gobiernos comunistas. Cuando se vio impedido el líder napoleónico cubano de proseguir con sus caprichosas aventuras bélicas, se desplomó estrepitosamente el muro de Berlín.
Conocida en todos sus pormenores esta larga y tenebrosa historia guerrerista, gracias al libro de Benemelis, muchos todavía se preguntan qué beneficio obtuvo Cuba, que no sea haber perdido a tantos de sus hijos, contraer una deuda externa de gran magnitud, una economía en ruinas y contar con una Asociación de Combatientes mutilados que apenas pueden caminar por las calles.
Lejos de lograr imponer el comunismo en esos países por medio de las armas, Fidel Castro ha visto como incluso Angola jamás optó por otro sistema que no sea el que hace progresar a un país: posee un gobierno multipartidista, elegido por sufragio popular y directo, para un período de cinco años y es socio comercial de los Estados Unidos.
En la guerra de Angola participaron 377,033 soldados cubanos. Dos mil perdieron la vida.
Las guerras de Fidel Castro se convirtieron en un rotundo fracaso. En el Congo, donde cayeron decenas de cubanos, luego se impulsaron políticas de libre mercado y se promovió la empresa privada. De su guerra, escribió el periodista Gabriel García Márquez: ¨El Ché Guevara se fue como había llegado: sin hacer ruido. Se fue por el aeropuerto de Tanzania en un avión comercial y leyendo al derecho y al revés un libro de problemas de ajedrez, para taparse la cara durante las seis horas de vuelo¨.
En ninguno de aquellos países existe hoy la llamada dictadura del proletariado. Angola, Argelia, Zanzíbar, Guatemala, El Salvador, Colombia, Granada, Guinea Bissau, Etiopía y muchos otros, son repúblicas libres con presidentes elegidos por el pueblo.
Las guerras secretas de Fidel Castro se diluyeron como sal en el agua. Aquella que quiso provocar de todas formas en octubre de 1962, a espaldas del pueblo cubano y contra Estados Unidos, en la que todos los habitantes de la isla hubiéramos muerto irremediablemente, fue, por suerte para nosotros, su mayor derrota.
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