Era un terreno tan grande que Tarzán Estalella pudo una vez hacer pisicorre desde segunda con un fly al center.
Cuando llegué a él, solo se usaba como terreno de fútbol, porque la pelota había pasado al más céntrico del Cerro. En su pasillo superior, quedaban las tarjas que recordaban las visitas a Cuba de las estrellas norteamericanas de Grandes Ligas en las primeras décadas del Siglo XX.
Hoy se llama Pedro Marrero y nada recuerda a su constructor, el entusiasta empresario Julito Blanco Herrera. Sigue siendo la plaza estelar del fútbol cubano.
Para Cuba actualidad: rhur46@yahoo.com
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