Enviado por ei en Marzo 29, 2010 – 16:20 pm.Arnaldo M. Fernández
Este mes suele asociarse con invasión o expedición, según el cristal cubiche con que se mire, pero también viene al cuento la invasión o expedición Argentina a Islas Falklands (abril 2, 1982), que forjó una rara unión latinoamericana en torno al gorila Leopoldo Fortunato Galtieri y una más rara cobertura de la prensa cubana, con los argentinos ganando cada día hasta que, de repente, noticiaron que el «gobernador militar» de las islas, Mario Benjamín Menéndez, se rindió en Port Stanley (junio 14, 1982). Este desenlace iba contra la lógica militar: las tropas británicas que desembarcaron no superaban en número a sus oponentes y estaban a más de 12 mil kilómetros de sus bases de aprovisionamiento y refuerzo. Habría entonces que inclinarse por la socorrida moral, pero…
Los argentinos fueron a la guerra con el sentido patriótico de recuperar Las Malvinas, mientras que los británicos fueron a recuperar las Falklands por mero encargo del gobierno, sin creer en los políticos ni confiar siquiera en el alto mando. Su cuerpo expedicionario superaba en técnica de combate al enemigo plantado en tierra, pero al desembarcar perdió esa ventaja: sus rifles eran parecidos al FAL argentino y sus cañones de 105 mm tenían más alcance, pero estaban por debajo en número (24 contra 42). Sin embargo, la batalla de Goss Green (mayo 29) decidió el conflicto y los medios latinoamericanos lograron arreglárselas para estirarlo hasta la caída de Port Stanley. En Cuba la cosa se vio venir después que Granma reportó con bombo y platillo el hundimiento del destructor HMS Sheffield (mayo 5) y de pronto empezó a difundir notas sobre la crueldad de los gurkhas (foto).
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