Compra de uniformes escolares. (GRANMA)
El Gobierno prometió que este curso no pasaría lo mismo que el anterior. 'Y es cierto, la situación ha cambiado: este año hay menos uniformes', se queja una madre.
A una semana del inicio del curso, una mujer y su hija de preuniversitario compran el uniforme escolar en la tienda La Estrella del reparto Alamar. La única talla que encuentran de saya es la 44, donde cabrían tres personas iguales a la muchacha que se la va a poner. "Vamos a comprar esa misma y la arreglamos, porque si no te quedas sin uniforme", dice la madre.
Habitualmente, las familias compran en julio y agosto los materiales que sus hijos usarán en el próximo curso: Libretas, lápices y lapiceros, papel para forrar libros, zapatos y medias, el uniforme y cualquier otro tipo de materiales.
"En La Cuevita hay cantidad de forros de papel a tres pesos", asegura Katy. "Yo fui a comprar para mis nietos; pero si no quieres ir hasta allá, ese mismo papel lo venden en cualquier esquina los revendedores a cinco pesos".
También se han vendido libretas rayadas a cinco pesos cada una en librerías y estanquillos de la capital. "Yo compré libretas porque tienen buen papel. Las que dan en la escuela nunca son de esta calidad", comenta Alicia. "En las que dieron el curso pasado mi hijo no podía ni borrar, porque se le abrían huecos. Además, cuando se acaba la de cualquier asignatura, la maestra te pide que le lleves una nueva de tu casa, no la reponen en la escuela ni nada de eso".
Pero el problema principal este año es el uniforme escolar. Y qué problema.
"En la Mesa Redonda en la que analizaron las dificultades en el inicio del curso pasado hablaron de los uniformes", dice Yinet. "Yo había tenido problemas para conseguir el de mi hijo, así que puse atención. Dijeron que este año no iba a pasar lo mismo, que se iba a asegurar la producción de uniformes para que nadie se quedara sin el suyo y para que se acabaran las colas y la especulación. Y tenían razón en algo, la situación ha cambiado: este año hay menos uniformes que el pasado".
Karelis cree que lo que pasa es que la gente deja las cosas para última hora. "Hay que comprar los uniformes en cuanto se acaba el curso. En esa fecha no hay cola y sí hay todas las tallas".
Alicia y Yinet no están de acuerdo. La primera intentó comprar el uniforme desde inicios de las vacaciones. "Ni en el Vedado ni en la Habana Vieja me lo quisieron vender, porque decían que tenía que ser en mi municipio. En la tienda que me tocaba no había talla 10, que es la que usa mi hijo", dice.
Yinet opina que no importa el momento en que hagas la compra. "Se supone que cuando yo vaya, en el momento en que vaya, tiene que haber la talla que necesito. Si te dan un papel para la compra, ellos tienen que saber la cantidad de uniformes que tienen que vender y para qué edades. El mío tiene que estar ahí hasta el último día".
Aunque la dependienta de la tienda La Estrella ataque a sus clientes diciendo "a partir del 10 de agosto se pueden comprar los uniformes en cualquier municipio", poco parece ayudar esta medida en un panorama de desabastecimiento general.
Luisa, abuela de un estudiante de secundaria, no ha podido encontrar pantalones para su nieto. "La camisa la encontré en Centro Habana, después de mucho zapatear, y la dependienta me 'resolvió' otra por 60 pesos. Las tallas de pantalón son tan grandes que habría que hacerlo nuevo y ninguna costurera me quiere hacer ese trabajo", dice.
Luisa asegura que en la tienda le explicaron que "lo que pasa es que no han hecho uniformes nuevos, la producción está atrasada y lo que están haciendo es vender lo que quedaba en almacén. En el Noticiero reconocieron que había dificultades, pero no han hecho nada por solucionarlo", critica.
Yinet, luego de sufrir ansiedad por no encontrar algo que es de obligatorio uso para acceder a las escuelas ha tomado una decisión: "Mi hijo va en septiembre en ropa de calle a la escuela. Si me dicen algo, voy a quejarme en el Municipio de Educación y que ellos vean lo que van a hacer, porque yo no soy maga".
"El uso del uniforme es obligatorio, te lo exigen, pero no te garantizan que lo puedas comprar, y nadie protesta. Incluso, el bono de la compra se vence. ¡Se vence! Como si fuera tu responsabilidad que no hayas podido comprarlo", dice la joven madre.
"Prometen en la Mesa Redonda que no habrá ningún problema; todo eso es mentira y nadie se queja. El día que alguien protesta, enseguida se movilizan para resolver el problema; mientras tanto, nadie trabaja. Así funcionamos, enfermos, acostumbrados a que nos hagan pasar trabajo y nos falten el respeto, como si fuera normal".
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