Aimée cabrera.
Muy positivo y atractivo es el título de una noticia del Trabajadores del 11 de enero cuando se lee "Ejercen más de 496 mil 400 cuentapropistas en todo el país" porque el que no vive en la Isla piensa en una prosperidad inmediata.
Existen diversas categorías en el cuentapropismo. Están los cuentapropistas de éxito que, en su mayoría tienen como a dueño verdadero a un extranjero adinerado por detrás del tapete.
O es un cubano con una familia en el exterior que pertenece a una clase social alta-no es pretensioso pensar que estos últimos tomen con cautela, parte en las ganancias- o puede estar dentro de los poquísimos que tienen entradas considerables, siendo cubano y residiendo aquí, como sucede con los artistas reconocidos.
Pero ese cubano que "araña la tierra" para mejorar un mínimo, en comparación con el empleo que le oferta el estado, por más que se esfuerce en pagar sus impuestos, en dar todo de sí en su oficio o profesión privada, tiene como se dice en buena jerga que "morder muy duro" y demorar años en alcanzar beneficios y, si tiene trabajadores a su cargo, no le es fácil lograr que los mismos, se sientan estables y estimulados con sus salarios.
Alcanzar esta meta es una quimera para la mayoría de los trabajadores por cuenta propia, muchos de los cuales "contra viento y marea" se encuentran en esta clasificación desde el 2010-2011 y otros alternan con el trabajo estatal y no estatal para "mantenerse a flote".
" Trabajo para el gobierno de muchos años. me gradué de técnico medio en contabilidad cuando era muy jovencita y siempre lo he ejercido. Cuando empezó lo del cuentapropismo me inserté "por la izquierda" en lo que apareciera: elaboradora de alimentos, fregaba cazuelas en una paladar, limpiaba los cuartos en una casa que alquilaban a extranjeros ahora estoy de tenedor de libros, prefiero estar a escondidas porque aquí todo cambia del día a la noche", dice esta señora que prefiere no identificarse y reconoce satisfacción con lo que gana.
Otros comenzaron con mucho entusiasmo " pero empezaron a subir los impuestos , a no tener nunca un almacén donde ir a comprar lo que se necesita y tener que hacerlo en el mercado negro; eso te cuesta, si no sobornas al inspector, te retiran la licencia: no son capaces de dar (abastecer) pero si de quitártelo todo", dice un hombre joven que brinda servicios junto a otros en una brigada.
Lo que fuera una cafetería pequeña en un céntrico barrio capitalino es hoy una ventana abierta donde los vecinos se detienen a saludar a la ex dueña y darle ánimos pata que retome su labor que tanta aceptación tuviera. " Estoy vieja, lo que sé hacer es trabajar, no sé hacer más nada pero abusan y no puedo pagar el abuso", dice una residente en Centro Habana que sonríe pero dice que no con los dedos evitando dar su nombre.
Según los datos aportados por el periodista del periódico que cada lunes es una imagen de la obsoleta Central de Trabajadores de Cuba (CTC) sobresalen, como actividades del cuentapropismo, la elaboración y venta de alimentos (56 mil 270); transporte de carga y pasajeros (50 mil 482);arrendamiento de viviendas, habitaciones y espacios (28 mil 634).
Les siguen los agentes de telecomunicaciones (24 mil195) y, los trabajadores contratados llegan a la cifra de 114 mil lo que constituye el 22 por ciento de los asociados, los cuales pertenecen en lo fundamental a la elaboración de alimentos y al transporte de carga y de pasajeros, según estadísticas aportadas al diario por el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS).
Agrega el MTSS en su información que, el 17 por ciento de los cuentapropistas son también trabajadores estatales; cifra aún baja pero que destaca cómo muchos trabajadores asimilan que, con un solo empleo no pueden vivir si se tiene en cuenta los bajos salarios que persisten en el sector estatal.
Para culminar, la información señala que, al haber un aumento de establecimientos gastronómicos bajo esta modalidad, el Estado se preserva la propiedad de los inmuebles. Esto demuestra el centralismo, el burocratismo y otros males que no dejan que se desarrolle la Isla con vistas a que sus ciudadanos se sientan de verdad incentivados con lo que realizan.
Es de verdad una burla que el estado pretenda ser tan abarcador. Ejemplos hay varios y solo uno basta. En la esquina de las calles San Lázaro e Infanta en la zona donde confluyen los municipios capitalinos de Centro Habana y Plaza está el restaurante el Biki.
Durante décadas y. después de 1959 pasó a ser una pizzería y a continuación habían pequeños negocios estatales de poca monta que afeaban la acera y portal. Después vino la descabellada idea de convertirlo en un restaurante vegetariano (los demás seleccionados para igual fin están hoy cerrados al púbico) y de ahí en adelante, empezó un deterioro del inmueble, nunca reparado por el estado.
Con las modalidades para los cuentapropistas relacionados con la gastronomía apareció de pronto una brigada no estatal, que sí reparó el restaurante y qué bien lo remodeló, al lado y con entrada por el propio Biki está la dulcería muy acogedora. Aún se finaliza otro restaurante que estará en la planta alta, del que se puede apreciar la escalera que conducirá a sus comensales hacia un área más selecta. Cómo no pudo el estado acometer estas remodelaciones y ahora dice ser el dueño.

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