En "Dulces guerreros cubanos", el escritor Norberto Fuentes afirma que los oficiales de la Seguridad del Estado imitaban o trataban de imitar, en la medida de sus posibilidades, a los agentes del FBI.
En Cuba, tanto la música como principalmente el estilo de vestir viene de los EE.UU. Prefiero el pop yanqui a la música salsa de mi país. Pero esta cercanía geográfica a la mayor potencia mundial a veces nos trae influencias inconvenientes.
Por ejemplo, en el asunto del tabaco, andan diciendo los científicos y médicos que daña la salud. Creo que es una verdad a medias, pues por lo que he podido observar lo que sí daña los pulmones es el papel utilizado para manufacturar la picadura de los cigarrillos. Y esto no sucede con el tabaco que sólo contiene hojas sin química y sin ningún aditamento como accesorio. Incluso me han prometido entregarme un trabajo fílmico hecho por Discovery, donde explican las propiedades curativas del tabaco de hojas enrolladas.
Cada país tiene su idiosincrasia, y cuando sus habitantes no tienen personalidad propia, tratan de imitar a otros que consideran mejores.
En el caso de Cuba como imitadora de los Estados Unidos, no todo es malo. Por ejemplo, personalmente amo la música pop americana pero desapruebo el uso de las armas de fuego. Con esto quiero decir que hay cosas buenas y funcionales que se pueden aprender de los demás, pero hay vacíos y defectos detestables que debemos rechazar.
Entrar en las cosas buenas y malas que tenemos ambos países (Cuba y EE.UU) complicaría este artículo, pero podemos adelantar que nosotros los cubanos tenemos también que aprender mucho del modo de vida de Europa del norte, específicamente de los países denominados escandinavos, como es el respeto a la vida de las personas; y donde se cumple la máxima de Voltarie que reza: "tu libertad termina donde comienza la mía".
Tengo la desgracia de vivir al lado de una familia liderada por una mujer que entre dos y tres veces al mes articula una fiesta con la música a todo volumen que comienza desde las 6 de la tarde hasta las 3 o las 4 de la madrugada del siguiente día.
Como es un núcleo familiar numeroso y viven en una sola habitación, y como siempre invitan a muchas personas, tienen que abrir la puerta de par en par para que corra el aire, y ahí es cuando el volumen de la música es tan potente que por muy encerrado que me encuentre en mis dos habitaciones es como si la música estuviera dentro de mi casa.
En Cuba la ley de convivencia en los edificios múltiples prohíbe la música o el ruido después de las 12 de la noche. Una vez llamé a la policía desde mi móvil: se acabó la música y esta familia se peleó conmigo durante unos meses.
Luego, el marido de la mujer de las fiestas hizo amistad conmigo y la música, cuando hacían una fiesta, la apagaban sobre las 11 de la noche. Pero en los últimos tiempos han vuelto a su vieja costumbre de vivir como si fueran "ellos" los únicos que viven en mi pasillo.
Hace varias semanas, uno de sus hijos cumplía años. Como son originarios de la región oriental, allá tienen la costumbre de comenzar los guateques el día antes del cumpleaños, varias horas antes de la llegada de la media noche.
Así que ese día me puse bravo y abrí el dintel de mi barbacoa (que construyó el holguinero Reinaldo Arenas Fuentes) y grité preguntando por la doña de la casa o su marido, y fue cuando salió el hijo y con una naturalidad pasmosa me dijo que estaban celebrando la víspera de su cumpleaños. Le dije que los cumpleaños se celebran de día o temprano en la noche, pero no de madrugada. Pero no les importó mis razones y continuaron con la fiesta hasta las 6 de la mañana.
Por eso les dije al principio que quien imita fracasa, porque si en Cuba existiera la Segunda Enmienda, como en los Estados Unidos, yo, en un rapto de locura, de tener un arma de fuego hubiera perpetrado un desatino.
Si en Cuba los edificios múltiples tuvieran dueño hace muchos años esta familia hubiera sido puesta de paticas en la calle. O simplemente se comportarían como dicta el sentido común.
Recientemente en Miami, en uno de esos repartos donde se vive al estilo del american way of life, en una casa con garaje, patio y jardín cercado, un buen hombre y su familia intentaban dormir pero no podían. Resulta que los vecinos de la casa colindante, a una distancia de 7 metros, estaban en plena fiesta con los baffles a todo volumen. El inocente hombre se quitó el piyama, se vistió, y tocó la campanita de la puerta. Abrió la puerta una mujer. El vecino le dijo que con aquella bulla no podía dormir. La mujer le dijo que iría a buscar al dueño de la casa y a los pocos minutos salió un hombre totalmente borracho con una escopeta de dos cañones y sin hablar ultimó a su vecino.
Si al principio de este artículo hablé del tabaco fue porque el hijo de mis vecinos me dijo que si yo no soportaba la música, ellos, en cambio, tenían que soportar el olor del tabaco que yo fumo dentro de mi casa y que la peste les llegaba a sus narices: una monumental mentira, pantagruélica, tan oriental como otro oriental que yo conozco y que se ha pasado la vida mintiendo.
Por ello, y con el permiso de los lectores, me despido por hoy. El problema es que he dejado sobre el tapete mucha tela por donde cortar.
Para Cuba actualidad: ramon597@correodecuba.cu
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