Miércoles, 07 de Noviembre de 2012 02:25
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Hoy es un vacilante anciano, que no deja de ser siniestro; una triste figura que intenta remedar al Quijote cuando ya no puede mostrarse como Robin Hood. Sin embargo, todavía se le presta importancia, cuando ya ni mereciera una breve alusión a su nombre.
Ya pasó, solo es historia, un relato abortivo de la guerra fría y de la estupidez humana, un algo que nunca debió ocurrir...
Las páginas sociales se inundan con rumores de que Fidel Castro, agoniza o ya está declarado bajo muerte cerebral o finalmente ha muerto. Todavía despierta curiosidad, la curiosidad morbosa de aquel que contempla en un museo la momia de algún soberano egipcio; pero ni siquiera merece esa manera torva de elevarle a lo trascendente del momento noticioso.
No perderé mi tiempo en conjeturar sobre el fallecimiento del menos estadista de los tiranos. Solo le dedicaría un epitafio a su memoria, cuando por fin se muera, un epitafio que pudiera rememorar una expresión martiana con motivo del fallecimiento de Karl Marx, aunque expresada negativamente: "Ha muerto Fidel Castro. Como se puso del lado de la ambición, merece desprecio".